Linaje muy unido al nobilísimo de los SOTOMAYOR, con el que emparentaron en distintas ocasiones. Su apellido procede de la feligresía de Sta. Mariña da 1nsua (ayuntamiento del partido judicial de Pontecaldelas), muy próxima al castillo y feligresía de Sotomayor. ALFONSO VÁZQUEZ DA INSÚA casó con Dª Teresa Rodríguez (viuda de Álvaro Rodríguez de Sotomayor), la cual poseía la casa-fuerte y 1. del pazo de Villar de Ferreiros, en la jurisdicción de Moreda; tuvo por hijo a PEDRO VÁZQUEZ DA INSUA, el cual no tuvo descendencia, por lo que sus bienes los heredó su hermana LEONOR VÁZQUEZ DA INSÚA, sobrina del arzobispo D. Álvaro de Isorna, dotada con la Casa de Insua, casó con D. Suero Gómez de Sotomayor, el Mariscal, señor de Lantaño, Rianxo, Sobrán, etc., que sirvió al rey D. Juan II de Castilla, y que en 1445 tomó a su cargo la defensa de la villa de Pontevedra. Por esta unión pasó al linaje de los SOTOMAYOR el pazo de Villar de Ferreiros (cuya jurisdicción comprendio las feligresías de Pezobre y Rivadulla), así como también la mencionada jurisdicción de Moreda. La descendencia de este matrimonio, ver en SOTOMAYOR, Rama de los Sotomayor llamados CHARINOS.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
