Oriundo de Galicia, extendido por toda la Península. Distintos caballeros, participaron en la Reconquista, pasando a Asturias donde fundaron casas. La nobleza de los Villar fue probada en las Ordenes de Santiago (1.700, 1.729, 1.746 y 1.756) y Real Orden de Carlos III, así como en la de Calatrava. Erigido en condado, don José del Villar y Andrade fue creado primer conde de Villar de Fuentes el 10 de julio de 1.761. Diego Sánchez de Aedo tuvo un hijo bastardo, que se llamó Sancho Villar, y sólo dejó hijas. Se extendió, sin embargo, el apellido por Vizcaya y Guipúzcoa. Lope y Juan Villar eran vecinos de Oñate en 1477; Juan Villar, Oidor; Pedro y Martín Villar vivían en Mondragón en 1530. Mateo Villar, vecino de Oñate en 1500, casó con doña María López de Aguirre, y fueron padres de Domingo Villar y Aguirre, que celebró su enlace con doña Magdalena de Urteaga y Ecibay, y procrearon a Pedro Villar y Urteaga, esposo de doña Isabel de Echeverría Iturrioz, a la que hizo madre de Magdalena Villar y Echeverría, que en 1682 casó con Miguel Liger de Gamboa. Otra casa de Villar radicó en la villa de Gordejuela, del partido de Valmaseda (Vizcaya), y de ella fue Domingo de Villar, casado con doña María de la Torre, a la que hizo madre de Pedro de Villar y de la Torre, bautizado en Gordejuela el 14 de Junio de 1639, que fue padre de José de Villar, bautizado en Gordejuela el 15 de Enero de 1669, que casó con doña Ana María de Arrazain, y procrearon a Juan de Villar y Arrazain, bautizado en la Catedral de Méjico el 30 de Mayo de 1734, que el 15 de Diciembre de 1788 ganó Real provisión de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid. De la misma casa procedió Manuel de Villar y Urtusáustegui, natural del Valle de Gordejuela y residente en Bilbao, que ganó otra Real provisión de hidalguía el 13 de Noviembre de 1780. José de Villar y la Vía, natural de Valmaseda, obtuvo igual provisión el 30 de Octubre de 1776. En la anteiglesia de Lémona, del partido de Durango, también en Vizcaya, hubo otra casa de Villar, originaria de la Montaña. (Marqueses de Santa María del) Otorgado en 24-XI-1702, Real Decreto del 27-II-1705, con el vizcondado previo de Longara, a D. José de Omaña, Pardo y Osorio. Desde 1906, D. Diego Quiroga y Losada Losada y Torres, IX marqués, que casó con D.ª Narcisa Valdés y Palavicino. El marquesado pasó de los Omaña a los Miranda, a los Losada y últimamente a los Quiroga. D. JOSÉ OMAÑA, PARDO Y OSORIO, decano de la Sala de Justicia del Consejo de Hacienda, fue creado marqués de Santa María del Villar, por concesión del rey D. Felipe V, por Real Decreto susodicho. Sucedióle en el título D. PEDRO DE MIRANDA Y TRELLES, II marqués de Santa María del Villar (hijo de D. Pedro Manuel de Miranda y Omaña Osorio, y de su esposa D.ª Leonor Eulalia Trelles y Valdés), III conde de San Román, que casó con D.ª Maria Aldao y Araujo (hija de D. José Mariano Araujo y de D.ª María Teresa Araujo y Mariño de Lobera, y tuvo por hijo a D. PEDRO MANUEL DE MIRANDA Y OMAÑA, III marqués de Santa María del Villar, IV conde de San Román; casó con D.ª María Joaquina de Aldao y Araújo de Sotomayor Mariño de Lobera y Mendoza (hija de D. José Mariano de Aldao Gayoso y Maldonado, señor de Aldán, y de D.ª María Teresa de Araujo y Sotomayor, Mariño de Lobera y Mendoza, señora de Aldao, coto de Moraña, Amil, Vilacoba, Rozas, etc.); tuvo por hijo a D. JOAQUÍN DE MIRANDA DE ALDAO, IV marques de Santa María del Villar, V conde de San Román; casó con D.ª María del Pilar Sebastián de Baón y tuvo por hijo a D.ª JOAQUINA MIRANDA ALDAO Y SEBAST1AN GAYOSO, V marquesa de Santa María del Villar, VI condesa de San Román, casó con D. Francisco Javicr de Losada y Pardo Figueroa, VIII vizconde de Fefiñanes, VII marqués de Figueroa. X conde de Maceda, vizconde de Layosa; tuvo por hijo a D. JOSÉ DE LOSADA Y MIRANDA, VI marqués de Santa María del Villar, VII conde de San Román, IX vizconde de Fefiñanes, VIII marqués de Figueroa, IX marqués de la Atalaya, XI conde de Maceda, que falleció sin descendencia, heredando sus títulos con sus respectivas estados su hermano D. BALTASAR DE LOSADA Y MlRANDA, VII marqués de Santa María del Villar, VIII conde de San Román, X vizconde de Fefiñanes, IX marqués de Figueroa, X marqués de la Atalaya, XII conde de Maceda, que eligió por esposa a D.ª María Luisa Torres Barrenechea, y tuvo por hija a D.ª JOAQUINA LOSADA TORRES, VIII marquesa de Santa María del Villar, XI marquesa de la Atalaya, que casó con D. José Quiroga Losada y tuvo por hijo a D. DIEGO DE QUIROGA Y LOSADA LOSADA Y TORRES, IX marqués de Santa María del Villar desde el citado año de 1906: jefe de la Dirección General de Regiones Devastadas, Sección de Fotografía, abogado; mayordomo de semana de S. M. el rey; académico de la Real de Ciencias, Bellas Letras y Artes Nobles de Córdoba; gran cruz de Cristo, de Portugal; cruces de Isabel la Católica, Alfonso X el Sabio y Mérito Civil; nacido en Madrid, 18-VIII-1881; casó allí con D.ª María de los Dolores Narcisa Valdes y Palavicino, natural de Barcelona el 8-VIII-1885; la boda se celebró en Madrid el 10-V-1911. D.ª Dolores falleció en San Sebastián el 21-IX-1956; tuvo por hijo a 1. D.ª María, nacida en Madrid el 11-V-1912. 2. D. José, nació en Madrid, 6-VI-1913, profesor mercantil, capitán de complemento de Artillería, medalla militar; casó con D.ª María Teresa Churruca y Vivanco: padres de D.ª Beatriz, D. Diego, D. Álvaro, D.ª Carmen, D.ª Teresa, D. José y D. Gonzalo, nacidos todos en San Sebastián, y D.ª Lucía, nacida en Madrid el 5-VII-1914. Del linaje de Villar, radicado en Pontevedra, fue el noble caballero D. Juan Antonio del Villar y Tabares, que aparece empadronado en cabeza como noble, en un alistamiento hecho en Santiago en 1702. Nació y vivió en Pontevedra, donde casó con Sebastiana Farrapeira de Cuevas y tuvo a D.ª Sebastiana del Villar y Tabares, que casó con Francisco Gómez Vieites (v. Vieytes) y tuvo a D.ª Josefa Gómez Vieites, que casó con D. José Vicente de Castro Caamaño. Linaje de Mondoñedo, por D. Juan Antonio Villar y Robiños, escribano de dicha población episcopal hacia 1614; en 1727 vivía otro escribano en Mondoñedo apellidado Villar Robiños: en 1738 era alcalde ordinario más antiguo de Mondoñedo D. José Joaquín Villar y Ron, abogado de la Real Audiencia de Galicia y procurador general sustituto del Concejo de Mondoñedo en 1757. Para los Villar pasados al Nuevo Reino de Granada, cfr. Testamentarías de Bolívar, tomo 33, 596; Cundinamarca, 13, 574 y 674; Santander, I, 273 y 667; 20, 571 y 796. La extensión del apellido Villar en la América Hispana se debe más a los Administradores enviados por la Corona española, para organizar la Administración colonial, que a los primeros conquistadores, entre los que se encuentra muy escasamente representado el Villar. Entre estas excepciones, se tienen noticias de un Alonso del Villar que acompañó a Valdivia en las campañas que este último sostuvo en Chile contra los nativos araucanos, acaudillados por el jefe Caupolicán. Pacificado el país, se estableció en el mismo fundando una familia que dio origen al Villar chileno. Otro Villar (Antonio) fue miembro del Santo Oficio en América y parece ser que tuvo una destacada intervención en los juicios llevados a efecto por dicho Tribunal en el Nuevo Mundo y se hizo notar por su rigurosidad. En contraposición, Pedro de Villar, que acompañó a Hernán Cortés en la conquista de Méjico, se destacó no sólo por su valor sino por la nobleza de sus sentimientos y el trato humano que dispensó a los indios.
Escudos de Armas del apellido:
Los de Galicia traen: en campo de azur, una flor de lis de oro, entre cuatro veneras del mismo metal. Otros: De gules, con una banda de oro, engolada en cabezas de dragones del mismo metal, y acompañada en lo alto de tres flores de lis de oro, puestas en triángulo, y en lo bajo de una venera de lo mismo. Los del concejo de El Fresno (Asturias) traen: escudo jaquelado de veinte piezas, diez de plata y diez de sable; bordura de oro, con ocho aspas de gules. Los del concejo de Castropol (Asturias) traen: en campo de plata, un fresno arrancado, de sinople, con seis lanzas apoyadas al tronco, y dos cabras empinadas, comiendo de las ramás. Los de Daroca traen: en campo de gules, una muralla de oro, con una escalera de escalones de hierro, atada a la muralla con dos garfias, saliendo de la muralla, un brazo armado, con una espada de plata en la mano. Otros de Aragón, traen: en campo de azur, un castillo de oro; bordura de gules, con ocho aspas de oro.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguian las naciones. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El brazo simboliza la fortaleza. La cabeza significa trofeo, valor, superioridad y despojo sangriento. La cabra simboliza al caballero que, en servicio de su Rey y su Patria, ha pasado inmensos sacrificios a fin de coger desprevenidos a los contrarios derrotándoles. Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demás edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia.
