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El primitivo solar de este apellido radicó en la villa de Viguera, del partido de Logroño. Una rama pasó a la villa de Labastida, del partido de Laguardia, en Álava, y de ella fue Pedro de Viguera, que en su mujer, doña Catalina Heredia, tuvo a Miguel de Viguera y Heredia, bautizado el 15 de Noviembre de 1643, que casó con doña María de Viguera, y fueron padres de Juan de Viguera y Viguera, bautizado el 16 de Junio de 1668, que contrajo matrimonio con doña Catalina Sáenz de Tejada, naciendo de esta unión Francisco de Viguera y Sáenz de Tejada, bautizado el 25 de Junio de 1703, que celebró su enlace con doña María Cruz de Anda, y procrearon a Miguel de Viguera y Anda, bautizado el 14 de Mayo de 1731, que el 4 de Noviembre de 1776 obtuvo Real provisión de nobleza en la Chancillería de Valladolid.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.