Casa solar en la anteiglesia de Garagarza, del Ayuntamiento de Mondrágón y partido de Vergara (Guipúzcoa). Actualmente es la casa señalada con el número 69 y conocida con el nombre de Diegüena. Juan de Vidazábal era vecino de Mondragón en 1390, y Sancho y Juan Martín Ruiz de Vidazábal en 1415. Juan Ruiz de Vidázabal era Escribano de la misma villa en 1529. Fue padre del Capitán Martín Ruiz de Vidazábal, que se avecindó en Motrico y testó el 5 de Agosto de 1550, ante Domingo Ibáñez de Laranga. Casó en primeras nupcias con doña María Iñiguez de Salazar, y en segundas, con doña María López de Espila. Del primer enlace nació Catalina de Vidazábal y Salazar, y del segundo fue hijo Martín Ruiz de Vidazábal y Espila, progenitor del Almirante Vidazábal. Martín Ruiz de Vidazábal Ilumbe fue Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó en 1621. Nació en Motrico el 19 de Diciembre de 1607 y era hijo de Miguel de Vidazábal, Almirante de la Armada de Cantabria, del Consejo de Guerra en los Estados de Flandes, y de su mujer, doña María Joan de Ilumbe y Eguía, y nieto del Capitán Martín Ruiz de Vidazábal, natural de Mondragón, y de doña Pascuala de Ibiri.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
