En la villa de Lanestosa, del partido de Valmaseda (Vizcaya), moró una familia de este apellido, de la que fue García Sáinz de Ventrosa, que contrajo matrimonio con doña María Leonor de Melgar, y fueron padres de Juan de Ventrosa y Melgar, que casó con doña Elvira del Hoyo, y procrearon a Pedro de Ventrosa y del Hoyo, que celebró su enlace con doña María García, naciendo de esta unión Francisco de Ventrosa y García, bautizado en Briones (Rioja), el 2 de Diciembre de 1569, que en su mujer, doña Catalina Merino, tuvo a Francisco de Ventrosa y Merino, bautizado en Briones el 29 de Enero de 1600, que casó con doña Ana Gimilio, y de este enlace fue hijo Juan de Ventrosa y Gimilio, bautizado en Briones el 16 de Mayo de 1632, que se unió en matrimonio con doña María Núñez, a la que hizo madre de Francisco de Ventrosa y Núñez, bautizado en Briones, el 13 de Marzo de 1667, que tuvo por esposa a doña María Bañuelo, que le hizo padre de Andrés de Ventrosa y Bañuelo, bautizado en Briones el 11 de Diciembre de 1713, y casado con doña Manuela Nanclares, en la que procreó a Francisco de Ventrosa y Nanclares, bautizado en Briones el 25 de Febrero de 1769, que incoó expediente de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid, obteniendo Real provisión el 4 de Febrero de 1794.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
