Apellido castellano cuyo origen hay que buscarlo en la Montaña de Santander. Pasaron sobre todo a Vizcaya. En la villa de Valmaseda radicó una noble casa solar con torre infanzonada y apellidada Ungo de Velasco, o simplemente Velasco, de la que fue Juan de Velasco, natural de Valmaseda, que casó con doña Antonia Ortiz y fueron padres de Lope Luis de Velasco, que nació en La Parrilla, del partido de Olmedo (Valladolid). Todos sus descendientes vivieron en diferentes pueblos de la mencionada provincia. Su quinto nieto, Baltasar de Velasco y Linacero, fue Abogado de la Real Chancillería de Valladolid, y el 12 de Febrero de 1770 ganó provisión de Vizcainía en la misma Chancillería. Los Velasco entroncaron con los Álava y vivieron en el palacio de la Capitanía, en Vitoria, Plaza de Loma. Otros dicen que vienen de los Fernández de Temes. El padre Jerónimo Pardo afirma que fundaron cen el Pico, en las Asturias, pero que el fundador del linaje era gallego. En el siglo XVIII hubo Velascos en Porriño (Loouriña, 6I, Espinosa). Unos Velasco, del lugar de Arce (valle de Piélagos, Burgos) emparentaron con los Leis de San Payo de Brexo (v. Santiyán). Del tronco principal, no hay, que nosotros sepamos, excesivas noticias. Parece ser que ya en tiempos de la Reconquista, en sus primeros tiempos ya existía este apellido e incluso se cree que hubo algún caballero llamado Velasco que acompañó a don Pelayo en su refugio de las montañas asturianas, lugar de donde partió el inicio de la reconquista cristiana de la España dominada por los musulmanes. Pero nada en concreto puede afirmarse a este respecto ya que se carece de los datos fidedignos que avalen esta versión. Se trata de un rancio linaje, como lo avalan los siguientes hechos: En el año 1.430, el rey don Juan II concedió el Condado de Haro a don Pedro Fernández de Velasco. El segundo Conde de Haro fue don Bernardino Fernández de Haro, que alcanzó la dignidad de Condestable de Castilla, así como el Ducado de Frías en el año 1.492. La rama de los Velasco, que ostentó este título de Condes de Haro, figura mucho en la historia de Vizcaya, sobre todo con motivo de la batalla de Munguía. Tomaron parte también en las guerras de banderías, ayudando a los Marroquíes contra los Muñatones, y en la batalla de Elorrio. Otro Caballero del mismo nombre y apellidos que el anterior, don Bernardino Fernández de Velasco fue creado Conde de Salazar en el año 1.608. En 1.684, se creó el Marquesado de Pico de Velasco de Agustina que recayó en la persona de don Luis Vicente de Velasco. En el año 1.692, otro caballero de este apellido, don Jerónimo de Velasco y Castañeda fue creado Marqués de Villablanca. En 1.727, una dama, doña Antonia de Velasco alcanzó la dignidad de Marquesa de Perales del Río. En 1.763, a don Iñigo de Velasco, se le concedió el Marquesado de Velasco. Y no acaban aquí los títulos que lleva este ilustre linaje ya que en 1.782, se creó la Baronía de Velasco en la persona de don José María de Velasco y Montoya. En 1.786 un nuevo título aumentó los que ya poseía este linaje, en este caso, el Marquesado de Rioxabo que alcanzó don Manuel de Velasco y finalmente, en 1.890, otra dama de ilustre alcurnia, doña María Velasco y Palacios fue creada Marquesa de Villarreal de Álava. Todo lo anterior justifica plenamente la nobleza e hidalguía del linaje Velasco.
Escudos de Armas del apellido:
En el mencionado Palacio se ve un escudo de alianzas, y brochante sobre sus cuarteles, un escusón jaquelado de ocho puntos de oro y siete de veros de azur, que es de Relasco. Otros: Escudo jaquelado de quince piezas: ocho de oro y siete de veros.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza.
