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En Zarimuz (Guipúzcoa). Simón de Velacortu casó con doña Francisca de Ensótegui y fueron padres de Juan de Velacortu y Ensótegui, bautizado en Zarimuz el 16 de Junio de 1661, que contrajo matrimonio con doña Josefa de Urigoitia y Echevarría, naciendo de esta unión Domingo de Velacortu y Urigoitia, bautizado en Zarimuz el 24 de Agosto de 1701, y casado con doña Antonia de Lorza, a la que hizo madre de Domingo y Juan Antonio de Velacortu y Lorza, bautizados en Zarimuz el 22 de Abril de 1732, y el 6 de Marzo de 1729, respectivamente, que el 17 de Septiembre de 1793 ganaron Real provisión de hidalguía en la Chancillería de Valladolid. Domingo de Velacortu litigó también en nombre de su hijo Tomás de Velacortu y Aguirre, bautizado en Marieta (Álava) el 18 de Septiembre de 1772 y habido en su matrimonio con doña Francisca de Aguirre.             

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.