Procede de Guipúzcoa y pasó al Duranguesado, en Vizcaya. Los Urrupain moraron en la villa de Mondragón desde la creación de ésta por el Rey don Alfonso X, el Sabio, en 1260, y procedían de otra casa de Urrupain, sita en la jurisdicción de la villa de Elgueta. De éstos fue Hortuño de Urrupain, padre de Sancho Ortiz de Urrupain, vecino de la calle de Ferrerías de Mondragón, en 1342. Procreó a Sancho Martínez de Urrupain, Alcalde de Mondragón en 1353, que asistió con el Rey don Enrique II de Castilla, en 1374, al cerco de Bayona. Casó con doña Catalina López de Alcíbar, y procrearon a Pedro Sánchez de Urrupain y Alcíbar, que sirvió a don Juan II en las guerras de Navarra. Contrajo matrimonio con doña Isabel de Cilaurren y fueron padres de Martín Pérez de Urrupain y Cilaurren, Jurado de Mondragón en 1429, que se unió en matrimonio con doña Pascuala Ximénez de Olabe, y de este enlace nació Pedro García, de Urrupain y Ximénez de Olabe, que casó con doña Martina García de Oro, y tuvieron varios hijos, siendo el primogénito y sucesor Martín Pérez de Urrupain y de Oro, que sirvió a los Reyes Católicos y al Emperador Carlos V. Fundó las casas principales de Urrupain en la calle de Iturrioz, de Mondragón, y casó con doña María López de Alzarte, a la que hizo madre de Jorge Martínez de Urrupain y Alzarte, de quien hizo una semblanza Garibay. Tuvo por esposa a doña Simona de Ozaeta y Bañez de Artazubíaga. Sin sucesión. Fuera de matrimonio tuvo a Juan Martínez de Urrupain, nacido en 1525, que sucedió en la casa de Urrupain y militó en Cataluña, Flandes e Italia. Casó en 1562 con doña Catalina de Arratia y fue su hija y sucesora Simona de Urrupain y Arratia, mujer de Pedro de Otálora, quedando así extinguida la varonía de Urrupain. Linaje antiguo de Mondragón, coetáneo a la erección de esta villa por Alfonso el Sabio en 1260, aunque derivado de la casa solar de Urrupain, radicante en la jurisdicción de la de Elgueta (Guipúzcoa). He aquí su filiación continuada: I. Hortuño de Urrupain, fue padre de II. Sancho Hortiz de Urrupain, vecino de Mondragón, en su calle de Ferrerías, el año 1342, siendo padre de III. Sancho Martínez de Urrupain, Alcalde de Mondragón, en 1353. Asistió al Rey Enrique II al cerco de Bayona, en 1374, y gestionó con dicho Monarca y con Don Juan I, negocios importantes en pro de su pueblo, alcanzando mucho honor y estimación. Casó con Catalina López de Alcíbar (hija de Lope Sánchez de Alcíbar), de la que tuvo a IV. Pedro Sánchez de Urrupain y Alcíbar, quien sirvió a Don Juan II de Castilla en las guerras de Navarra. Casó con Isabel de Cilaurren (hija de Lope García de Cilaurren), y procrearon a V. Martín Pérez de Urrupain y Cilaurren, nacido en 1399. Fue jurado de la villa en 1429 y casó con Pascuala Ximénez de Olabe y Mercado (hija de Juan Ximénez de Olabe y de Toda Mercado). Falleció en 1467, dejando por hijo y sucesor a: VI. Pedro García de Urrupain y Cilaurren o Cilaurren y Urrupain, nacido en 1426, quien sirvió a Don Enrique IV en 1463 con ocasión de su viaje al Bidasoa, a las vistas que tuvo con el Rey de Francia don Luis XI. Contrajo matrimonio con Marina García de Oro y Lastur (hija de Pedro de Oro y de Emilia de Lastur). Fueron sus hijos: 1.° Martín Pérez de Urrupain y Oro, que sigue la línea. 2.° Juan Martínez de Urrupain y Oro, Cura de San Juan Bautista, de mucha veneración por sus méritos en el estado sacerdotal. 3.° Emilia de Urrupain y Oro, casada con Miguel de Oñate, y 4.° Pascuala de Urrupain y Oro, casada con Juan Pérez de Sagurdia, la cual usó el apellido Olabe. VII. Martín Pérez de Urrupain y Oro, nació en 1464, quien sirvió a los Reyes Católicos y al Emperador Don Carlos en las guerras de Francia y Navarra; fundó las casas principales de Urrupain en la calle de Iturriotz. Casó con María López de Alzarte y Pérez de Abendaño (hija de Lope Ibáñez de Alzarte, vasallo del Rey, y de María Pérez de Abendaño). En unión de su expresada consorte, fundó el antiguo hospital de Mondragón, cuya construcción empezó el maestro cantero Juan de Erquicia en 1525 y terminó en 1532. Enajenado al establecerse la Casa de Beneficencia en el convento de San Francisco, pasó a ser propiedad de don Enrique Chacón y luego de don Francisco de Sola, que lo transformó en palacio, rodeándole de grandes jardines en 1868. Nacieron de dicho enlace: 1.° Jorge Martínez de Urrupain y Alzarte, que sigue la línea. 2.° Andrés Martínez de Urrupain y Alzarte, que falleció en Salamanca, estudiante para clérigo. 3.° María de Urrupain y Alzarte, apellidada de Balda, casada en primeras nupcias con Santuru Pérez de Vergara, y en segundas con Martín Martínez de Olalde, registrador y canciller mayor del Emperador Carlos V y del Rey Felipe II, y 4.° Isabel de Urrupain y Alzarte, apellidada de Abendaño, casada en primeras nupcias con Martín Ochoa de Santa María y en segundas con Francisco López de Vergara. VIII. Jorge Martínez de Urrupain y Alzarte, nació en 1499 y gozó de mucho honor y estimación, así en el País Vasco como en Bretaña, donde tuvo muchos amigos, en especial en la ciudad de Nantes. Fue aficionado a los buenos estudios y versado en varios idiomás, poeta éuscaro, según noticias que debemos al cronista Garibay, siendo de lamentar que no nos trasmitiese a la vez sus composiciones, totalmente perdidas. Joyoso y limpio en su persona y muy espléndido en su casa, muy regalador de sus amigos, así naturales de estos reinos como de fuera de ellos, y muy inclinado a fábricas, según la semblanza trazada por el mismo Garibay, quien añade, para completar su retrato, que era corto de vista, de más que de mediano cuerpo, con barba grande de venerables canas. Contrajo matrimonio con Simona de Ozaeta y Báñez de Artazubiaga, pero careció de sucesión de este enlace, habiendo tenido, en su soltería, a Juan Martínez de Urrupain en María Sánchez de Santa María (hija de Juan de Santa María y de María López de Instegui y Bidazábal, de noble linaje). IX. Juan Martínez de Urrupain y Santa María, nació en 1525 y sucedió en la casa de Urrupain, militó en Cataluña, en Flandes y en Italia, con estimación de mucho valor y autoridad en servicio del Emperador Carlos V y del Rey Felipe II. Fue luego comisionado en Corte cerca de este Monarca por la provincia de Guipúzcoa, en 1579, desempeñando su cometido con autoridad muy superior a la de sus predecesores en el cargo. Casado en 1562 con Catalina de Arratia y Ozaeta (hija de Francisco López de Arratia Mondragón y de Simona de Ozaeta, naturales de Mondragón y vecinos de Medina del Campo), tuvo por hija y sucesora a X. Simona de Urrupain y Arratia, que casó con Pedro de Otalora en 1588; quedando extinguida la varonía en la casa de Urrupain por falta de sucesión másculina, de su padre. * * * Otra casa solar radicó en el valle de Ubera, en la jurisdicción de Elgueta (Guipúzcoa), y de ella fue: I. Pablo de Urrupain, quien contrajo matrimonio con Domenja de Anguiozar, ambos vecinos del valle de Ubera. De este matrimonio nació II. Miguel de Urrupain y Anguiozar, bautizado en Elgueta el 30 de Setiembre de 1619, y casado con María de Barraondo y Aguirre (hija de Juan de Barraondo y de Ana Martínez de Aguirre, vecinos de Elgueta). Fueron padres de III. Juan de Urrupain y Barraondo, natural de Elgueta y residente en Bilbao, quien hizo expediente de genealogía el 5 de Mayo de 1682, y aclarada por los Señores Corregidor y Diputados de este Muy Noble y Muy Leal Señorío de Vizcaya, en sentencia que pronunciaron en esta villa de Bilbao a 8 días del mes de Agosto del mismo referido año por testimonio de Miguel de Sertucha, Secretario de esta villa. * * * Probaron su nobleza ante las Juntas Generales de Guipúzcoa y sus Justicias ordinarias, en los años que se indican: Juan García de Urrupain, vecino de Eibar, en 1560, y Sebastián de Urrupain, vecino de Mondragón, en 1613. En el rol de oñacinos y gamboínos son citados Martín Pérez de Urrupain, escribano de la villa de Mondragón. desterrado para la corte del Rey en 1446, y Martín y Juan de Urrupain, hermanos, gamboínos de Elgueta que concurrieron al ataque de Mondragón, en 1448.
Escudos de Armas del apellido:
De oro, con un avellano de sinople, y al pie del tronco, tres lobos de sable, andantes. Así las usaron los apellidados Urrapain. Otros, apellidado Urrupain, suprimen los lobos y añaden un escusón, que pende de las ramás, y que es cuartelado en esta forma: 1º y 4º, de azur, con un castillo de plata, y 2º y 3º, de oro, con la cruz de la Trinidad, que tiene un trazo de azur y otro de gules. Los Urrupain de Mondragón, según Juan Carlos de Guerra usan: Escudo cuartelado: 1°, en campo de sinople, una banda de oro; 2°, en campo de gules, dos árboles de sinople. con un oso boca arriba en medio, que es de Alzarte; 3^ de plata, con eslabones de azur y 4° en campo de plata, un gancho de colgar de carne. Según el mismo autor, los de Elgueta, usan: En campo de oro un avellano, de sinople y a su pie tres lobos de sable. También los de Elgueta, según Juan Francisco de Hita, usan: Cuartelado: 1° y 4°, en campo de oro, ocho estrellas de azur, puestas en lo alto y una flor de lis de gules, puesta en lo bajo; 2.º en campo de plata, un árbol de sinople, y un lobo de sable, pasante al pie del tronco, y 3.º en campo de gules, una banda engolada en cabezas de dragones de oro. Otros: En campo de gules, un águila, de oro, difamada.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El águila se concede en los blasones a los hombres que exceden en valor, generosidad y braveza a los demás hombres. Las aves representan en general la libertad. Simbolizan un espíritu generoso que, llevado de su alegría interna, profiere siempre elogios y alabanzas de las acciones heroicas realizadas por otros caballeros. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguian las naciones. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguian las naciones. Y el representarla con cabezas de sierpes o de dragones, que la tragan (esto es la banda engolada), es simbolo de fortaleza, y denota caballeros guerreros, usandose en España por la batalla del Salado, que ganó contra los moros el Rey Don Alfonso en los campos junto a Tarifa el día 30 de Octubre de 1340. La cabeza significa trofeo, valor, superioridad y despojo sangriento. Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demás edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia. La cruz es una pieza honorable, que representa la espada del caballero, dándose en Armería al combatiente que sacaba la espada teñida de sangre de sus enemigos. Del tiempo de las cruzadas quedaron algunas familias con la cruz por armas, para denotar que habían estado en ellas.
