Hubo casa de este apellido en la villa de Motrico, del partido de Vergara (Guipúzcoa), de la que descendió, según Isasti, Lucas de Urquía, Capitán ordinario de S. M. En Vizcaya radicaron casas del mismo apellido en las anteiglesias de Mañaría y Dima y Merindad de Durango, todo en el partido de esta última villa. De la casa de Dima fue Pedro de Urquiaga, que en su mujer, doña Ana de Arana, tuvo a Juan de Urquiaga y Arana, esposo de doña Catalina Vizcarguinaga, y ambos padres de Pedro de Urquiaga y Vizcarguinaga, bautizado en San Pedro de Dima el 31 de Diciembre de 1666, que contrajo matrimonio con doña Catalina de Vizcarra, naciendo de esta unión Pedro de Urquiaga y Vizcarra, bautizado en Izurza, del mismo partido de Durango, el 16 de Febrero de 1705, que celebró su enlace con doña María Antonia de Aguirre y Arzubia, a la que hizo madre de Juan Antonio de Urquiaga y Aguirre, bautizado en Mañaria el 11 de Noviembre de 1749, que fue vecino de Sevilla, y el 8 de Noviembre de 1777 ganó Real provisión de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid. También obtuvo la misma distinción el 30 de Junio de 1793 Martín de Urquiaga y Aguirre, hermano del anterior.
Escudos de Armas del apellido:
Según Carlos de Guerra: «Un árbol asentado sobre ondas de agua y cruzado en el centro del tronco por un filete o burel que divide el escudo en cuatro cuarteles: en el primero y cuarto, dos lobos andantes, uno sobre otro, hacia la derecha los del primero, y hacia la izquierda los del cuarto, de modo que resultan unos afrontados con los otros, y segundo y tercero, dos panelas».
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 El agua es símbolo de sabiduría ilustrada, de ánimo virtuoso, pudiendo también simbolizar extensión de dominio, así como el principio de todas las cosas y la regeneración del tiempo. La cruz es una pieza honorable, que representa la espada del caballero, dándose en Armería al combatiente que sacaba la espada teñida de sangre de sus enemigos. Del tiempo de las cruzadas quedaron algunas familias con la cruz por armas, para denotar que habían estado en ellas.
