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Casas solares en las anteiglesias de Garay, del partido de Marquina, y en la de Yurreta, del de Durango (Vizcaya). Pasaron a Navarra, avecindándose en el Valle del Baztán, del partido de Pamplona. De la casa de la anteiglesia de Garay fue Juan de Urien, casado con doña María de Zabala, a la que hizo madre de Martín de Urien y Zabala, que se unió en matrimonio con doña Catalina Aguirre, ambos naturales de Garay, y fueron padres de Manuel de Urien y Aguirre, que en su esposa doña Catalina de Salazar tuvo a Manuel de Urien y Salazar, marido de doña Isidora Villafañé, en la que procreó a Pedro de Urien y Villafañé, que casó con doña Antonia López, y fueron vecinos del arrabal de Retuerta, en la ciudad de León. Su hijo Santiago Manuel de Urien y López pasó a Salto, en la Argentina, y el 23 de Diciembre de 1805 ganó Real provisión de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid. De la casa de la anteiglesia de Yurreta procedió Pedro de Urien, casado con doña María de Sotogaray, en la que tuvo a Pedro de Urien y Sotogaray, que contrajo matrimonio con doña Catalina de Uribarrena, y fueron padres de Asensio de Urien y Uribarrena, bautizado en Yurreta el 17 de Mayo de 1651, que casó con doña Catalina de Guesala, naciendo de esta unión Francisco de Urien y Guesala, bautizado en Bilbao el 10 de Octubre de 1691. Celebró su enlace con doña Catalina Galbano y procrearon a Domingo de Urien y Galbano, bautizado en Olabarrieta el 13 de Diciembre de 1733, que en su mujer, doña doña Paula González de Uriarte, tuvo a Santos Ramón y Domingo de Urien y Uriarte, bautizados en Logroño el 6 de Noviembre de 1770 y el 6 de Agosto de 1780, respectivamente. El 21 de Junio de 1799 ganaron Real provisión de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid, Pedro Regalado, Juan Ventura y Jeremías de Urien y Zabaleta, originarios de Vizcaya y vecinos de Lerma (Burgos), ganaron también Real provisión de hidalguía en la misma Chancillería, el 29 de Septiembre de 1795.

Escudos de Armas del apellido:
De oro, con una torre de piedra, surmontada de un creciente, ranversado, de gules. Bordura de dos Ordenes de jaqueles de plata y sable.             

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas.