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Casa solar en la villa de Mondragón, del partido de Vergara (Guipúzcoa). Debe proceder del lugar de Uncella, en Álava. Martín Ibáñez de Uncella, vecino de Mondragón en 1461, contrajo matrimonio con doña Mari Juan de Echevarría, del solar de Echevarría, en Garagarza, y fueron padres de Juan de Uncella y Echevarría, llamado también Juan de Mondragón, maestrescuela de Tuy y canónigo de Santiago, en cuya catedral fundó la capilla de Nuestra Señora de la Piedad; de María Martínez de Uncella y Echevarría, casada en Mondragón con Martín Fernández de Mercado, el Viejo; de Martín Ibáñez de Uncella y Echevarría, que testó en 1517, y de Teresa Ibáñez de Uncella y Echevarría, casada en Elorrio con Pedro García de Esteibar.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.