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Este apellido compuesto radicó en el Valle de Gordejuela, del partido de Valmaseda (Vizcaya). Domingo Tavisón de Recalde casó con doña Antonia de Unzaga, y fueron padres de Juan Tavisón de Recalde Unzaga, esposo de su deuda doña María de Unzaga, a la que hizo madre de Domingo Tavisón de Recalde y Unzaga, que contrajo matrimonio con doña Catalina de Chávarri, naciendo de esta unión Domingo Tavisón de Recalde y Chávarri, bautizado en el Valle de Gordejuela el 5 de Mayo de 1662, que celebró su enlace con doña Josefa de San Vicente, y procrearon a Mateo Tavisón de Recalde y San Vicente, bautizado en el Valle de Gordejuela el 20 de Septiembre de 1686, que en su mujer, doña Antonia de Zubiaga, tuvo a Manuel Tavisón de Recalde y Zubiaga, bautizado en el Valle de Gordejuela el 19 de Diciembre de 1712, que se unió en matrimonio con doña Isabel Leminiano, naciendo de este enlace Emeterio, José y Manuel Tavisón de Recalde y Leminiano, bautizados en Haro (Rioja), el 18 de Abril de 1753; el 7 de Noviembre de 1755, y el 5 de Marzo de 1758, respectivamente. El 3 de Abril de 1777, ganaron Real provisión de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid.            

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.