Linaje vizcaíno muy antiguo, radicado en la anteiglesia de Gautéguiz de Arteaga, del partido de Guernica. A él perteneció San Juan de Sendoquiz, que casó con doña Ana de Sendoquiz y fueron padres de San Juan de Sendoquiz y Sendoquiz, bautizado en Gautéguiz de Arteaga el 27 de Mayo de 1597, que contrajo matrimonio con doña Domeca de Aldamiz, naciendo de esta unión Ignacio de Sendoquiz y Aldamiz, bautizado en la misma anteiglesia el 15 de Agosto de 1632, que celebró su enlace con doña María Juanes de Lecertúa y procrearon a Mateo de Sendoquiz y Lecertúa, bautizado en Gautéguiz de Artenga el 21 de Septiembre de 1724, que tuvo por esposa a doña María Cruz de Aldama y Garaytiagoitia, a la que hizo madre de Mateo de Sendoquiz y Aldama, natural de Bilbao, bautizado en la parroquia de Santiago el 8 de Diciembre de 1762, que trasladó su residencia a Madrid, donde desempeñó el cargo de Agente Fiscal del Consejo de Castilla y ganó Real provisión de hidalguía en la Chancillería de Valladolid el 24 de Diciembre de 1807.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
