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Apellido vizcaíno, con casa solar en la antigua anteiglesia de Axpe de Busturia, del Concejo de Busturia y partido de Guernica. Por la semejanza del nombre y el punto en que radicó, parece una modalidad del linaje Sagarbinaga. Iñigo de Sagarbinaga tuvo en su mujer doña Juana de Aulestia, a Pedro de Sagarbinaga y Aulestia, que casó con doña Domeca de Busturia y fueron padres de Juan de Sagarbinaga y Busturia, bautizado en la anteiglesia de Axpe de Busturia el 26 de Marzo de 1672, que contrajo matrimonio con doña María Cruz de Axpe de Busturia y procrearon a Juan Sagarbinaga y Axpe de Busturia, bautizado en la misma anteiglesia el 16 de Diciembre de 1710, que litigó por sí y en nombre de sus hijos, su hidalguía. Casó con doña Saturia de Horra, naciendo de esta unión: Juan, bautizado en Castrojeriz (Burgos), el 3 de Mayo de 1753, y Manuel de Sagarbinaga y Horra, bautizado en Salamanca el 1 de Mayo de 1757. Estos hermanos obtuvieron Real provisión de Vizcainía en la Chancillería de Valladolid el 20 de Septiembre de 1771.    

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.