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De Vizcaya, con casa en la villa de Ermúa, del partido de Marquina. Martín Sáenz de Ermúa, natural de Ermúa, casó con doña Catalina de Ibargüen, de igual naturaleza, y fueron padres de Juan Sáenz de Ermúa e Ibargüen, natural de Ermúa, que contrajo matrimonio con doña Catalina de la Calle y procrearon a Juan Sáenz de Ermúa y de la Calle, que en su mujer doña María de Almarza tuvo a Martín Sáenz de Ermúa y Almarza, que celebró su enlace con doña Josefa de Vitoria, naciendo de esta unión Juan Francisco Sáenz de Ermúa y Vitoria, que se unió en matrimonio con doña Isabel Sorzano, a la que hizo madre de Manuel Sáenz de Ermúa y Sorzano, que fue vecino de Torrecilla de Cameros (Rioja), donde casó con doña María Díaz Benito, de la que tuvo a Faustino Sáenz de Ermúa y Díaz, bautizado en Toledo el 18 de Febrero de 1763. Su abuelo había ganado Real provisión de Vizcainía el 21 de Febrero de 1767, y él la obtuvo el 4 de Octubre de 1804 en la Chancillería de Valladolid.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.