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El más antiguo varón de este apellido que en nuestras investigaciones hemos encontrado, se llamó Berenguer Servent. Lo nombra mosén Jaime Febrer. Vino a España desde Perpiñán para intervenir en la conquista del reino de Valencia en servicio del rey aragonés don Jaime I. Luchó valerosamente en el Puig, Valencia, Ribarrocha, Játiva y Alcoy, y en premio de sus hazañas y lealtad, le premió dicho monarca heredándole ricamente en la ciudad de Jijona, designándole también para organizar el reparto de tierras. En Ibi, villa del partido judicial de Jijona (Alicante), le dejó por conservador del castillo Rojo, que él había sabido ganar y que luego restauró. Radicó en Xixona y tuvo allí dilatada y duradera descendencia a la que Gaspar Escolano se refiere diciendo: «De esa villa (Xixona) salieron en nuestros días a servir en las guerras del Piamonte, Francia y Flandes, ocho hermanos y deudos del linaje de Servent; que por ser ellos tantos y tantos merecen acuerdo particular en nuestras relaciones». A continuación escribe : «Don Gerónimo Servent sirvió al rey Felipe segundo en todas las ocasiones de su tiempo, por espacio de cuarenta años, como fueron los socorros de Orán y de la Goleta o Túnez y toma del Peñón de los Vélez de la Gomera. Después pasó a la guerra de Flandes con sus hermanos don Andrés y don Felipe, donde asistieron todo el tiempo que gobernó aquellos estados el duque de Alba, y se señalaron en la batalla de San Guillén, cuando fue preso Mos de Jauli, y así mismo en la de Mont de Enau. De allí pasaron a Holanda, al sitio de Arlén, en que fueron volados los tres hermanos de una mina y quedaron muy maltratados. En el asalto de la villa de Alquemar fueron nombrados para echar el puente sobre el foso, y de los primeros en acometer. Salieron con muchas heridas». El linaje de Servent, que se subdividió en varias ramas, ha continuado en Levante hasta los tiempos modernos y como de rancia hidalguía. l Un rancio solar de los Sirvent radicó en las cercanías de la villa de Puigcerdá y que se extendió por Cataluña. Una de sus principales ramas pasó a Aragón, luego a la isla de Ibiza (Baleares) y de allí a la ciudad de Andújar (Jaén) y a la de Granada. Mosén Jaime Sirvent, vivió y casó en Ibiza con doña Mariana de Orvay, de linaje principal de aquella isla, naciendo de este enlace varios hijos, siendo uno de ellos El licenciado Bartolomé Sirvent, natural de Ibiza, que casó en Andújar con doña Isabel de Mieres, de noble y antiguo linaje de la misma ciudad.     

Escudos de Armas del apellido:
En campo de plata, un ciervo pasante de azur, y debajo de su mano diestra, levantada, un creciente ranversado, de gules. En campo de gules, un ciervo pasante, de plata. Así figuran en un sello de Jofre Sirvent, que data del año 1442 y se conserva en el Archivo Municipal de Barcelona. Y así las describen autorizados autores. J. R. Vila, en cambio, asigna a este apellido el siguiente blasón, tal vez usado por alguna de sus armas y por enlace con otro linaje: Partido, 1.º, de plata, con un ciervo pasante, de azur, y 2.º, de azur, con tres estrellas de plata puestas en triángulo.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. El ciervo simboliza ánimo esforzado, que saca y recobra energías aún en las ocasiones más adversas. Representa al soldado experimentado y prudente que aguarda cautamente la llegada de sus adversarios.