Entre las principales familias de Cataluña figura esta de Sentmenat, de la que descienden los marqueses de Castelldosrius y los de Sentmenat, así como otras nobles casas catalanas. Tuvo su origen y primitivo solar en el lugar de Sentmenat (cuyo nombre tomó), del partido judicial de Sabadell y provincia de Barcelona, y de ese solar dimanó el que más tarde fundara en Barcelona. Poseyó el castillo de Sentmenat, en el Vallés, que ostenta en sus puertas el escudo de armas del linaje. También se veía este escudo en la capilla de San Sebastián de la iglesia del mencionado pueblo. Como prueba de la mucha antigüedad del linaje, escribe un autor que el primero de este apellido, de quien hacen mérito las crónicas, fue Ramón de Sentmenat, que sirvió de testigo, con otros caballeros, en una escritura de venta otorgada a favor de Ramón, conde de Barcelona, y de Almodís, su mujer, el 13 de julio del año 1066. Otros datos, autorizadamente comprobados y relativos a una rama de Sentmenat que pasó a Mallorca, quedando allí radicada, descubren que ya en mediados del siglo XIII era notoria la hidalga calidad de este linaje en aquella isla, puesto que el primer Sentmenat mallorquín de quien se tiene cabal noticia fue Pedro de Sentmenat, jurado de aquel reino y de la ciudad de Palma en el año 1262 y uno de los que habían contribuido a la fundación del convento de Santa Clara, por especial encargo del Papa Urbano V. Pocos años después, en 1279, intervino Bernardo de Sentmenat en la elección de síndicos para prestar juramento al rey de Aragón y firmó en calidad de testigo la carta de absolución de homenaje otorgada por don Jaime II de Mallorca a favor de todos sus vasallos. En 1304 y 1316 fue jurado de la ciudad y reino de Mallorca por la clase de ciudadanos, Pedro de Sentmenat, que casó con doña Magdalena Llull, hija del famoso Ramón Llull. Y a mediados del siglo XIV enlazó esta familia mallorquina con la de Valentí. Otra rama de este linaje pasó de Valencia a Mallorca en 1681.
Escudos de Armas del apellido:
Traen: De gules, con tres billetes de plata puestos en triángulo y cargado cada uno de un ala bajada, de azur, perfilado de oro. Otros Sentmenat, según J. R. Vila, usaron : De oro, con un ala, bajada, de azur.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El ala representa a las alas del águila, simbolizando la libertad, dada sus ansias de volar y surcar los cielos. Los billetes simbolizan la sabiduría dedicada a la defensa de la verdad, pues denotaban virtuosidad y honradez, ya que de cualquier lado que se vuelvan siempre quedan derechos. Para otros constituye un símbolo de franqueza, por recordar las piedras o fitas con las que se dividían los términos jurisdiccionales.
