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En la villa de Lanestosa, del partido de Valmaseda (Vizcaya), radicó una casa de este apellido, de la que fue Pedro Reoyo, esposo de doña María Sáinz Reoyo, y ambos padres de Juan Reoyo Sáinz, que casó con doña Marina Alcalde, y procrearon a Andrés Reoyo y Alcalde, que contrajo matrimonio con doña Catalina Pinacho, a la que hizo madre de Juan Reoyo y Pinacho, que en su mujer, doña María Caballero, tuvo a Juan Reoyo y Caballero, marido de doña María Balboa, y ambos padres de Gabriel Reoyo y Balboa, que celebró su enlace con doña Francisca García Palacios Quintero, naciendo de esta unión Santiago Reoyo García, que se unió en matrimonio con doña Josefa de Olmos, o Dolmos, y tuvieron a Bernard Reoyo y Olmos, que contrajo matrimonio con doña Josefa Gómez Agudo y procrearon a Santiago Reoyo y Gómez, vecino de Cigales (Valladolid), que el 15 de Febrero de 1794 obtuvo declaración de Vizcainía en la Chancillería de la mencionada capital.         

Escudos de Armas del apellido:
Las desconocemos. El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.