Es una de las doce casas ilustres del reino de Navarra, cuyo primitivo solar radicó en el lugar de Rada, hoy desolado, sito en el término de Traibuenas, del Ayuntamiento de Murillo del Cuende, y partido de Tafalla. Uno de los primeros caballeros de este linaje fue Velasco de Rada, y la primera noticia histórica e indudablemente cierta que tenemos de los Radas, coloca a éstos en el castillo de Rada, próximo a Caparroso. En él radicaron desde tiempos remotos hasta el año 1297, fecha en que el castillo es incorporado a la Corona por pacto del Rey don Enrique con Gil y doña Marquessa de Rada, Señores por entonces de Rada y su castillo. El año 1455 el castillo es destruido por el agramontés Martín de Peralta. Y Juan de Rada y Escudero, solicita del Rey don Juan II autorización para reedificarlo. Se le niega el permiso para la reedificación, más no así para su traslado; y por medio de una real cédula, en la que se le nombra sucesor legítimo de Gil y doña Marquessa, y Alcaide perpetuo del castillo, Juan de Rada traslada a Murillo su desolado palacio. En él vemos a los Radas, desde el año 1492 hasta fecha no lejana, en que las exigencias de la vida moderna los lleva a la ciudad. He aquí la genealogía de esta casa: I. Velasco de Rada era uno de los doce nobles vascos en 855, cuando fue proclamado Rey Iñigo Arista. Le sucedió II. Pedro Tizón de Rada, que aparece siempre al lado del Rey don Alfonso el Batallador. A la muerte de este Soberano, impidió con su intervención el que fuese alzado Rey Pedro de Atarés, magnate aragonés, que pretendía apoderarse de la Corona. Apoyó a Ramiro el Monje, que era a quien en rigor correspondía el trono. Descendiente suyo fue III. Jimeno Pérez de Rada, que figura en la Corte de 1200 a 1210. Tuvo a IV. Bartolomé Jiménez de Rada «Devino vasallo e fizo conveniencias», según dice un documento antiquísimo. Esto es, que el Rey de Navarra, temeroso de su poder, le pidió el homenaje de fidelidad, que nuestro caballero prestó generoso. Le sucedió su hijo V. Gil de Rada, que hizo con el Rey don Enrique un pacto, por el que cedía a la Corona el castillo de Rada, en caso de que desapareciesen sus descendientes directos másculinos. Procreó a VI. Lope de Rada, que no tuvo descendencia másculina, por lo que el castillo de Rada fue incorporado a la Corona. A la muerte de este caballero se abre un período desconocido hasta VII. Juan de Rada y Escudero, que vivía en 1492. Solicitó del Rey don Juan II de Castilla permiso para trasladar su residencia a la villa de Murillo del Fruto, del partido de Tafalla. Se lo concedió el citado Monarca por medio de una Real cédula, nombrándole al mismo tiempo Alcaide perpetuo del castillo de dicha villa, con todos los honores y privilegios de antaño, y se le reconoce como sucesor legítimo de Gil de Rada, que hemos citado en el número V de esta filiación. Contrajo matrimonio con doña Rosa Sarasa y fueron padres de VIII. Juan de Rada Sarasa, que en su mujer doña Catalina Sarriá tuvo a 1º Pedro de Rada Sarriá, que sigue. 2º Martín de Rada Sarriá. 3º Sebastián de Rada Sarriá, y 4º Blasco de Rada Sarriá. IX. Pedro de Rada Sarriá alzó en su castillo de Murillo del Fruto la bandera de la independencia cuando Navarra intentó recobrar ésta. Sofocada la rebelión, los castellanos le castigaron con penas corporales, según Garibay, descoyuntándolo según Campión. Fue su hijo, habido en doña Gracia de Artieda, su esposa. X. Pedro de Rada y Artieda, que contrajo matrimonio con doña Rosa de Vergara, a la que hizo madre de XI Juan de Rada y Vergara, que celebró su enlace con doña Ursula de Arévalo, naciendo de esta unión XII. Juan de Rada y Arévalo, que se unió en matrimonio con doña Adriana González de León, a la que hizo madre de XIII. Diego Jerónimo de Rada y González de León, que vivía en 1606, y casó con doña María Lago-Vela, de la que tuvo a 1º Diego José de Rada y Lago-Vela, Caballero de la Orden de Santiago, que murió sin dejar sucesión, y 2º María de Rada y Lago-Vela, que sigue. XIV. Esta María de Rada y Lago-Vela, que vivía en 1635, contrajo matrimonio con Francisco de Rada, descendiente directo de Sebastián de Rada y Sarriá, que hemos citado en el número 3º del párrafo VIII de esta misma filiación. Procrearon a 1º José de Rada y Rada, que murió sin sucesión, y 2º Bernarda de Rada y Rada, que sigue. XV. Bernarda de Rada y Rada, que vivía en 1660, celebró su enlace con José Morales y Asiain, originario de la Casa de su apellido, una de las doce ilustres de la ciudad de Soria. Fueron sus hijos: 1º José Morales de Rada, que sigue, y 2º Juan Manuel Morales de Rada, que continuará. XVI. José Morales de Rada, que vivía en 1703, ganó ejecutoria de nobleza en Navarra, y asiento y voto hereditario en Cortes. Con objeto de que los privilegios inherentes a los Radas no fueran llevados por personas que no se llamásen Rada, se fusionaron los apellidos Morales y Rada, formando uno solo. Murió dicho caballero sin sucesión, por lo que vino a sucederle su hermano XVII. Juan Manuel Morales de Rada, que vivía en 1705 y casó con doña Francisca de Zuma, a la que hizo madre de XVIII. Juan Antonio Morales de Rada y Zuma, que vivía en 1732, y se unió en matrimonio con doña María Josefa Alonso y Rada, de la que tuvo a XIX. Joaquín Morales de Rada y Alonso, que vivía en 1748, y celebró su enlace con doña Xaviera Galdiano y Alonso, naciendo de esta unión XX. Joaquín Morales de Rada y Galdiano, que vivía en 1777, y casó con doña Gaundiosa de Sesma y Sáinz de Vizmanos, a la que hizo madre de XXI. Joaquín Morales de Rada y Sesma, Caballero de Calatrava en 1785, que tuvo por esposa a doña Segunda Sánchez-Salvador. Fueron padres de XXII. Segundo Morales de Rada y Sánchez-Salvador, Caballero de Calatrava, que vivía en 1859, y en su mujer, doña Matilde Averly, tuvo a XXIII. Joaquín Morales de Rada y Averly, que vivía en 1888, y casó con doña Maria Teresa Campos, naciendo de esta unión XXIV. Joaquín Morales de Rada y Campos, que vivía en 1914.
Escudos de Armas del apellido:
Las primitivas fueron: De oro, con una cruz de sinople flordelisada. Algunos autores afirman que esa cruz es hincada, o sea con el brazo vertical afilado en su extremidad inferior, como para hincarlo en el suelo. Otros: En campo de oro, una cruz floreteada y vacía de gules. Lema:«Si Dios quisiera, más hubiera.» Otros traen: en campo de azur, una torre de plata, sobre una peña de la que sale una fuente, cuyo chorro de agua cae en una caldera de dos asas; y una encina junto a la torre, con dos lebreles de plata, manchados de sable, atados a la encina, uno a cada lado. Bordura de gules, con ocho veneras de oro. Una rama que moró en Pamplona trajo este otro escudo: Cuartelado por un virol de sable: 1º y 4º, de oro, con la cruz flordelisada de sinople, y 2º y 3º, también de oro, con un rastrillo de azur. Los de Santander traen escudo partido: 1.°, en campo de oro, una cruz floreteada de gules, y 2.°, en campo de plata, un árbol de gules, con dos lobos de sable; medio cortado de sinople, con una torre de plata con homenaje. Los de Galicia traen: Un lobo pasante en color de oro.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El agua es símbolo de sabiduría ilustrada, de ánimo virtuoso, pudiendo también simbolizar extensión de dominio, así como el principio de todas las cosas y la regeneración del tiempo. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El brazo simboliza la fortaleza. Las calderas, en armería, eran la señal de "Rico hombre" en España, simbolizando la abundancia. La cruz es una pieza honorable, que representa la espada del caballero, dándose en Armería al combatiente que sacaba la espada teñida de sangre de sus enemigos. Del tiempo de las cruzadas quedaron algunas familias con la cruz por armas, para denotar que habían estado en ellas. La cruz floreteada se puso en memoria de la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212.
