Este apellido, de origen italiano y con armas en España, aparece también escrito en diversos nobiliarios, armoriales, expedientes de pruebas de nobleza y otros documentos y obras impresas y manuscritas, en las siguientes formas : Palavissino, Pallavicino, Palavecino, Palavesino, Palavessino, Palavicina, Palavicén, Palavecin, Palavesin y Paravecino; pero es nombrado Palavicino más generalmente. El Libro de Oro de la Nobleza Italiana, consigna lo que sigue, refiriéndose a la familia Palavicino (de cuyo señorío tomaron el nombre) y del Sacro Romano Imperio: «ab inmemoriabile», están inscritos en el elenco de las familias nobles y titulares de la región parmesana con el título de marqueses. La tradición hace descender a esta familia de Oberto, de los duques longobardos de Toscana, conde del palacio imperial y progenitor de las ilustres casas de Malaspina, de la real de Brunswick, de los Este y de los marqueses de Massa. Su descendiente, Adalberto, señor y conde de Baden, en Alemania, recibió del emperador Carlomagno la investidura de todas las tierras que formaron después la marca o estado Palavicino (o Pallavicino), cuyo nombre fue usado por los descendientes de Adalberto, que reinaron primero independientemente y luego feudatarios (de la casa de Parma) hasta 1600, en que fueron despojados por los Farnesio, entonces soberanos de Parma. También pasaron a España los Palavicinos, concretamente a Valencia. Ambrosio Palavicino y Doria, natural de la isla de Xio, en el señorío de Génova, y barón de Frignani y Frignestani, pasó a España, estableciéndose en Valencia, donde contrajo matrimonio con doña Catalina Centurión y Spínola, naciendo de este enlace Gaspar Palavicino y Centurión, barón de Frignani y Frignestani, reconocido como noble de Génova en Valencia y matriculado en esta última ciudad en la bolsa de caballeros. Casó con doña Isabel Juan Cabanas y Ritsó. Descendiente suyo fue Lorenzo Palavicino y Carroz, barón de Frignani y Frignestani, marqués de Mirasol y maestrante de Valencia, que efectuó su enlace con doña Vicenta de Vallés y Ferrer, de la casa de los barones de Puebla Tornesa.
Escudos de Armas del apellido:
En campo de oro, una faja, recortada y bretesada de sable; en punta, jaqueles de oro y azur. Otros traen: escudo jaquelado con cuatro escaques de plata y cinco de azur; el jefe de oro, con una cruz de sable, acostada de dos cruces más pequeñas, también de sable, una a cada lado. Otros: Escudo jaquelado de cinco piezas de oro y cuatro de azur, y el jefe de oro, con una cruz de sable, recortada y de tres travesaños, el del centro más ancho que los otros dos, y puesta horizontalmente. También usaron esas armas en escudo cortado y aumentando los jaqueles hasta doce, seis de oro y seis de sable. Y así las trajeron, según mosén Jaime Febrer y Onofre Esquerdo, los de Valencia. Este último tratadista asigna a los Palavicino que se establecieron en Alicante, el siguiente blasón: En campo, cuyo esmalte no indica, un cisne blanco. Pero de los otros heraldistas que hemos consultado, ninguno recoge tales armas.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. La cruz es una pieza honorable, que representa la espada del caballero, dándose en Armería al combatiente que sacaba la espada teñida de sangre de sus enemigos. Del tiempo de las cruzadas quedaron algunas familias con la cruz por armas, para denotar que habían estado en ellas. El cisne simboliza por la tradición de que canta dulcemente cuando va a morir, antigua hidalguía, sin mancha de ningún género, que muere valerosamente ejecutando gloriosas empresas.
