Procede del Rosellón (Francia), con casa solar en Perpiñán, de la que dimanaron las ramas de este apellido que lo extendieron por Cataluña, Mallorca y Valencia. Es muy antiguo. Aimerich Pax era comendador de la Orden de San Juan en el año de 1200, o sea, con más de un siglo de anterioridad a la creación del Gran Priorato de dicha Orden en Cataluña. En Mallorca aparece en la época de su conquista, en la que intervino Juan Pax, a quien en el reparto general de las tierras se le asignó la alquería de Alboga, de ocho yugadas en el distrito de Pollensa. Sus descendientes Juan Pax, Guillermo Pax y Pedro Pax fueron jurados de la ciudad y reino de Mallorca en los años de 1336, 1345 y l 360, respectivamente. Entre los diputados mallorquines que asistieron a las Cortes de Monzón convocadas en 1375 para tratar de la defensa de Mallorca con motivo de las amenazas de guerra contra la isla del duque de Anjou, heredero de la infanta doña Isabel, hermana del don Jaime III, figuró Nicolás Pax. Luego, en 1379, fue jurado de la ciudad y reino de Mallorca, y en 1383, embajador en la corte de Aragón. En años sucesivos continuaron los caballeros Pax, de Mallorca, desempeñando allí el cargo de jurado por la clase de ciudadanos. En los vínculos de esta familia sucedieron, con gravamen de nombre y armas, la casa de los condes de Peralada y la de los marqueses de Bellpuig. La de Torrella, la del marqués de la Romana y la de Zafortes, también poseyeron hacienda de Pax.
Escudos de Armas del apellido:
De gules, con un creciente de plata ranversado. Algún tratadista asigna también a los Pax este blasón: De gules, con tres menguantes de plata, ranversados y puestos en triángulo. Otros, en Valencia y Mallorca, usaron: De gules, un creciente de plata, rodeado de diez estrellas del mismo metal.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas.
