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Este linaje tiene un origen real: El infante don Alonso, hijo de don Alfonso IX, rey de León, y de su esposa doña Berenguela, reina de Castilla, casó cuatro veces, una de ellas con doña Mafalda Pérez, Señora de Molina, por lo cual el infante tomó el apellido Molina que fue conservado por sus hijos y todos sus descendientes. Casó después con doña Mayor Alonso de Meneses y de este enlace nació doña María de Molina y Meneses, que por su casamiento con el rey don Sancho IV, que se celebró en el año 1.282, tuvo la gloria de sentarse en el trono de Castilla. Todos los datos anteriores los hemos recogido del conocido autor don Francisco Piferrer que así los consigna en su obra "Reinos y Señoríos de España". Doña Mafalda fue hija y heredera de don Pedro González, Señor de Molina, descendiente del conde don Manrique de Lara. Este don Manrique, descendiente de don Diego Porcelos, segundo Conde de Castilla, fue el primero de la casa de Lara que obtuvo el Señorío de Molina y casó con Ermesenda, vizcondesa de Narbona. No existe la menor duda de que el linaje de Molina procede de los Reyes de Aragón por el infante don Alfonso y de los Condes soberanos de Castilla por su esposa doña Mafalda. Los descendientes de tan ilustre linaje se fueron dispersando por toda España, creando importantes y nobles casas solares, principalmente en el reino de Murcia. De esos Molina aragoneses fue Pedro Molina, padre de Ramón Molina, uno de los cuarenta caballeros señalados para presenciar el desafío del Rey don Pedro de Aragón con el Rey don Carlos I de Nápoles, sobre el Señorío de Sicilia.  Los elementos que aparecen en su escudo tienen el siguiente significado: La torre y la media rueda de molino por el apellido Molina, las flores de lis por su alianza con los vizcondes de Narbona, deudos de la Casa Real de Francia, y las aspas en memoria de haber auxiliado al Conde don Lope, Señor de Vizcaya en la conquista de Baeza, don Pedro González de Molina y su hermano don Gonzalo Pérez de Molina. Este linaje cuenta con los siguientes títulos: Marquesado de Ballestar; Marquesado de Villafuerte; Marquesado de Urena; Condado de Saucedilla y Vizcondado de Huerta.

Escudos de Armas del apellido:
En campo de azur, una torre de plata y a su pie media rueda de molino del mismo metal, acompañado de tres flores de lis, una en jefe y otra a cada lado de la torre. Bordura de gules con ocho aspas de oro. Otros traen: en campo de azur, una rueda de molino, de plata. El Señorío de Molina traía: en campo de azur, un brazo armado, de oro, con la mano de plata, y en ella, un anillo de oro. D. Felipe II concedio, por privilegio dado en Aranjuez a 8 de abril de 1565, el siguiente escudo de armas a D. Bartolomé de Molina, natural y vecino de Santiago de Guatemala: escudo partido: 1.º, en campo de gules, un águila al natural, sosteniendo con sus garras un globo terráqueo superado de una cruz de oro, y 2.°, en campo de plata, dos volcanes con árboles, al natural, y entre ellos, un arroyo; al pie de los volcanes (uno de ellos está superado de una cruz) la ciudad de Santiago de Guatemala, todo de oro, aclarada de sable, con una venera de Santiago en la torre principal, y dos tigres al natural, rampantes, uno a cada lado de la ciudad. Bordura de oro, con ocho veneras de azur.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc., "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El águila se concede en los blasones a los hombres que exceden en valor, generosidad y braveza a los demás hombres. El anillo en la antigüedad era símbolo de distinción. Como toda figura redonda y cerrada simboliza continuidad y totalidad. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. El brazo simboliza la fortaleza. La cruz es una pieza honorable, que representa la espada del caballero, dándose en Armería al combatiente que sacaba la espada teñida de sangre de sus enemigos. Del tiempo de las cruzadas quedaron algunas familias con la cruz por armas, para denotar que habían estado en ellas.