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Linaje vizcaíno, con casa en San Julián de Musques, del partido judicial de Valmáseda. I. Pedro de Musques, tuvo en su esposa doña María Cacho, a II. Pedro de Musques Cacho, bautizado en San Julián de Musques el 16 de Noviembre de 1618, y casado con doña Ana de Llano, a la que hizo madre de III. Juan de Musques y Llano, bautizado en San Julián de Musques el 5 de Junio de 1653, que en su esposa doña María de Musques tuvo a IV. Vicente de Musques y Musques, bautizado en San Julián de Musques el 22 de Enero de 1685, que celebró su enlace con doña María de Llarena, y fueron padres de V. Juan Antonio de Musques y Llarena, bautizado en San Julián de Musques el 17 de Diciembre de 1725, que casó con doña Rita de Sopeña, y procrearon a VI. Luis Antonio de Musques y Sopeña, bautizado en San Juan de Somorrostro el 25 de Agosto de 1752, Capitán de Correos marítimos y vecino de la Coruña, que se unió en matrimonio con doña Josefa Inés de las Casas, naciendo de este enlace: Pedro, Micaela, Félix, Joaquina y Romualda de Musques y Casas, que el 20 de Agosto de 1800, obtuvieron declaración de vizcainía en la Real Chancillería de Valladolid.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.