En la anteiglesia de Galarza, del Ayuntamiento de Arechavaleta, y partido de Vergara (Guipúzcoa). Hubo una casa de este apellido, de la que era Señor en 1529 Juan Murube. que casó con doña Marina de Marquiegui, y fueron padres de Juan Murube Marquiegui, esposo de doña María de Aragoitia, a la que hizo madre de Juan Murube y Aragoitia, que contrajo matrimonio en Mondragón en 1576, con doña María de Urteaga, y probó su hidalguía en la misma villa, en 1589. Su hijo Domingo Murube Arteaga, casó en 1610, con doña María Miguel de Zara, y tuvo a Antonio Murube de Zara, casado en 1660 con doña María Cruz de Oleaga y Jáuregui, a la que hizo madre de Josefa Murube Oleaga, que en 1689 celebró su enlace con Antonio de Estenaga y Alday, vecinos todos de Mondragón.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
