De Vizcaya. Entroncaron con los Arana. I. Juan de Morgota tuvo en su mujer doña Ana de Morgota, a II. Martín de Morgota y Morgota, bautizado en Gautéguiz el 21 de Mayo de 1595. Casó con doña María Micaela Gueztarain, y procrearon a III. Juan de Morgota y Gueztarain, bautizado en la anteiglesia de Cortézubi, del partido de Guernica, el 28 de Marzo de 1622, que contrajo matrimonio con doña Antonia de Incháurraga. Estos esposos fueron Señores de las casas de Morgota y Arana, y padres de 1º Ignacio de Morgota e Incháurraga, que sigue, y 2º y 3º Magdalena y Ana de Morgota e Incháurraga. IV. Ignacio de Morgota e Incháurraga casó con doña María Aristi, y tuvieron a V. Francisco de Morgota y Aristi, bautizado en Azcóitia (Guipúzcoa), el 21 de Enero de 1683, que celebró su enlace con doña Joaquina de Astigarraga, y fueron padres de VI. Antonio de Morgota y Astigarraga, bautizado el 10 de Octubre de 1730, que casó con doña María Manuela Arana y Acha, a la que hizo madre de 1º Antonio Agustín de Morgota y Arana, bautizado en Lequeitio el 7 de Noviembre de 1769, que pasó a Méjico y residió en la ciudad de Guadalajara. 2º y 3º Josefa Vicenta y Ana Joaquina de Morgota y Arana.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
