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Familia de Guipúzcoa, radicada en Villabona, del partido judicial de Tolosa. Su antigua casa solar se hallaba cercana a la iglesia de Amása, y en 1591 la habitaba doña Domenja de Marrubiza, con su hijo Joanes de Marrubiza, su mujer y su cuñada. Doña Domenja tuvo otro hijo llamado Francisco de Marrubiza, que casó con doña Domenja de Goicoechea (de la casa de Goicoechea de Suso). Con sucesión. También procedió de la casa de Villabona el Maestre Domingo de Marrubiza, esposo de doña María de Legarbarrena, Señora de la casa de Legarbarrena, en Villabona. Con sucesión que llegó hasta fines del siglo XIX, pues fue el último varón de esta rama Felipe de Marrubiza y Sarobe, nacido el 14 de Diciembre de 1771, que sucedió en el mayorazgo de Legarbarrena. Casó en 1800 con doña Ana Francisca de Leici-Balaza y Arzadun, naciendo de ese enlace Agueda de Marrubiza y Leici-Balaza, que sucedió en la casa y celebró su enlace con Bartolomé Francisco de Lopetedi, natural de Vidania y vecino de San Sebastián.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.