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Una familia así apellidada radicó en la ciudad de Vitoria (Álava), y a ella perteneció I. Juan Manrique de Arana, natural de Vitoria, que casó con doña Isabel de Salvatierra, de igual naturaleza, naciendo de este enlace II. José Manrique de Arana y Salvatierra, natural de Vitoria y Caballero de la Orden de Santiago, que contrajo matrimonio con doña Catalina Josefa de Iraola, natural de Placencia (Guipúzcoa), y fueron padres de III. José Manrique de Arana e Iraola, que fue también Caballero Santiaguista, Teniente de Reales Guardias Españolas y Marqués de Villaalegre. Nació en Placencia, y se unió en matrimonio con doña Ana María de Aranguren, natural de Mondragón, también en Guipúzcoa. Procrearon a IV. José Manrique de Arana y Aranguren, natural de Madrid, Capitán de Caballos Corazas en Orán, Marqués de Villaalegre y Caballero de la Orden de Santiago, desde el 24 de Abril de 1703.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.