Apellido canario, oriundo de Portugal. Se estableció en La Orotava. Pertenece este apellido a una de las familias más antiguas de la Lusitania. Procede de Don Moninho Viegas, padre de Don Egas Moniz, fundador del Monasterio de Cucujães. Sigue el linaje de este ilustre apellido Martín Martínez Machado, que fue Señor de la torre del valle de Jaras o Geraz de Riva Cadavo en tierras portuguesas de Lañoso. Era hijo natural del rey Don Sancho I de Portugal y de Doña Maria Muñiz de Rivera. Lope Machado, descendiente directo del anterior, pasó de Guimaraes a las Islas Canarias, siendo Conquistador y Poblador de Tenerife, obteniendo repartimientos de tierras en la zona de Tacoronte, según data de 23 de octubre de 1497, expedida a su favor por el Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo. Estaba casado con Catalina Yánez, en Guimaraes, su pueblo natal en la Lusitania. Tuvo varios hijos entre los cuales se destacó: Sebastián Machado, Conquistador de Tenerife, que como su padre también obtuvo importantes dotes de tierra.
Por otra parte, Joaquín Machado, vecino de Otero del Escarpizo, probó su hidalguía, en 1781, ante la Real Chancillería de Valladolid. Por otra parte, ante la Real Chancillería de Granada probaron su hidalguía, Fco. Machado, vecino de Torre de Albánchez, en 1604; Gonzalo Machado, vecino de Zafra (Badajoz), en 1538 y Juan Machado, vecino de Torre de Albánchez, en 1580.
Armas. Descripción de los escudos, conforme a las leyes de la heráldica:
En campo de gules, un castillo de plata, y saliendo del homenaje, un guerrero armado, con un hacha en la diestra y una llave en la siniestra; en jefe, un creciente de plata, y en punta, cinco hachas de plata con los cabos de oro. Otros traen: en campo de gules, cinco hachas de plata con los cabos de oro y puestas en aspa.
En campo de gules, cinco machadas, o hachas, de plata, con los cabos de oro, puestas en sotuer. Hemos visto este blasón en un sepulcro del templo parroquial de Redondela, lado de la Epístola; en varios dibujos de la Colección Campo Sobrino, del Museo de Pontevedra, etc.


Simbología de las armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: ""Ciencia Heroyca"", de Don José de Avilés. Año 1725; y ""Adarga Catalana"", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753
Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, péleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama ""sol"", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, ""topacio"" y en el de la nobleza en general ""oro"". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín.
La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño.
El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza.
El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio.
El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apostol en su martirio.
Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demas edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia.
La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas.
