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Antiquísimo y noble linaje de Cataluña, de cuyo solar procedió Berenguer de Mir, nieto del conde Mirón «el Viejo», pariente del rey don Jaime I «el Conquistador». Dicho Berenguer pasó con quince soldados a la conquista de Valencia y fue premiado en esta ciudad por sus hazañas. Los Mir se extendieron por Cataluña, y en la villa de Puigcerdá (Gerona) fundaron una casa. También moraron en los lugares de Baujada y Estevar. Pasaron a Mallorca. De la casa del lugar de Baujada fue I. Domingo de Mir, natural de Baujada, que casó con doña Catalina N. y procrearon a II. Juan Francisco de Mir, que el 7 de marzo de 1692 obtuvo privilegio de nobleza. Contrajo matrimonio con doña Rafaela N., a la que hizo madre de III. Juan Francisco de Mir, esposo de doña Magdalena N., y ambos padres de IV. Juan Francisco de Mir, que en su mujer doña Josefa de Viladomar tuvo a V. Antonia de Mir y Viladormar, esposa de Pedro de Pastors, señor de Enveig (hijo de Francisco de Pastors, señor de Enveig, y de su mujer doña Josefa de Giblé). De esa unión nació VI Francisca de Pastors y Mir, que celebró su enlace con Buenaventura de Berenguer y Siscar (hijo de Cayetano de Berenguer y de doña Francisca de Siscar). Procrearon a VII. José Pablo de Berenguer y Pastors, bautizado en Balaguer (Lé- rida) el 11 de abril de 1784 y caballero de la Orden de San Juan, en Ia que ingresó en 1797. De la casa de la villa de Puigcerdá descendió I. Francisco de Mir, natural de Puigcerdá, casado con doña Magdalena Montagut, a la que hizo madre de II. Francisco de Mir y Montagut, que contrajo matrimonio con doña María de Pont (hija de Francisco de Pont y de doña Isabel N.). De ese enlace fue hijo III. Antonio de Mir y Pont, que casó con doña Serafina de Codol y Tord (hija de Acacio de Codol y de doña Teresa de Tord). Tuvieron a 1.º Buenaventura de Mir y Codol, bautizado en Puigcerdá el 1 de diciembre de 1756 y sepultado el 1. de noviembre de 1814. En 1780 ingresó como caballero de la Orden de San Juan, y 2.º Francisca de Mir y Codol, que continúa la filiación. I V. Esta Francisca de Mir y Codol tuvo por esposo a Francisco Antón de Travy y Maury (hijo de Antonio de Travy y de doña Josefa de Maury), que la hizo madre de 1.º Antonia de Travy y Mir, casada con José Pont y Ricart (hijo de Antonio Pont y de doña María Rosa, o Rita, Ricart). Fue su hija a) Raimunda de Pont y Travy, bautizada en Ivars de Urgel (Lérida) el 23 de febrero de 1800 y fallecida el 19 de febrero de 1893. Ingresó como señora de la Orden de San Juan en 1832. Como se ve, sobrevivió muchos años a los sucesos de 1835 y siguientes, y pudo vivir en el actual convento que las religiosas de San Juan tienen en San Gervasio, de Barcelona, donde murió siendo la última priora noble, y 2.º Vicente de Travy y Mir, que en su mujer doña Ignacia de Casanova y Gayolá (hija de Manuel de Casanova y de su mujer doña Rai- munda de Gayolá), tuvo esta hija a) Ignacia de Travy y Gayolá, bautizada en Moyá el 30 de julio de 1819, y señora de la Orden de San Juan, ingresada en 1834. En Mallorca fundaron los Mir una casa solar en la villa de La Puebla, del partido judicial de Inca, y de ella procedieron : Reginaldo Mir, que a principios del siglo XIV fue canónigo de Huesca y de Palma. Yace en la catedral de Palma en un hermoso sepulcro gótico . Gabriel Mir era ciudadano en 1523 y jurado de la ciudad y reino de Mallorca. Al visitar la isla Carlos V, llevó una de las varas del palio. Antonio Mir, religioso franciscano, murió en olor de santidad a fines del XVI. Antonio Mir y Ramos levantó una compañía a su costa y con ella pasó a Nápoles. Sirvió después en la real Armada. Juan Mir, rico hacendado de Mallorca, hizo al rey don Felipe IV cuantiosos préstamos. El mismo monarca le concedió privilegio de caballero el 18 de octubre de 1630, siendo amado el 2 de febrero de 1631. Francisco Mir fue doctor en ambos Derechos y asesor de la capitanía general de la isla. Antonio Mir, sacerdote jesuita, apóstol de las istas Bisayas. Murió el 6 de marzo de 1726. Esta familia mallorquina poseyó las heredades de «Son Forteza», «Es Pagos», «Son Cabaspre» y «Son Malferit». Pertenecieron a Juan Mir, padre de Onofria Mir, esposa de Francisco Villalonga Brondo.

Escudos de Armas del apellido:
El caballero Berenguer de Mir, que desde Pallars pasó a la conquista de Valencia, y los sucesores que allí dejó, ostentaron : De plata, con un grifo de sinople. Los Mir de la villa de Puigcerdá : De oro, con un chevrón de azur, acompañado de tres espejos ovalados (que en catalán llaman «miralls»), de plata, guarnecidos de azur. En un retablo de la capilla del Carmen, de la parroquia de Puigcerdá, se veía este otro escudo : Cortado : 1.º, de plata, con un león rampante, de su color natural, y 2.º, también de plata, con una mano derecha, de sable, empuñando una espadaña ; medio partido, de azur, con un castillo de piedra, de tres almenas. Así lo usó Manuel de Mir y Cadena, abad de Galligans, muerto en 1735. Lema : «Pro fidelitate elaboravi». Según privilegio concedido a Juan Mir, natural de Puigcerdá, por Real Decreto de 28 de febrero de 1659. Otros Mir de Cataluña han ostentado este escudo : De gules, con un espejo de plata, con el borde y el mango de oro. Otros : De gules, con un castillo de oro. Los Mir de Mallorca : De azur, con una faja de gules en el tercio inferior del escudo, surmontada de una estrella de oro, y ésta, a su vez, de una venera de plata. Los de Cataluña traen: en campo de oro, un chevrón de azur, acompañado de tres espejos ovalados con marcos y pies de azur. Los de Valencia traen: en campo de plata, un grifo de sinople. Los de Baleares traen: en campo de azur, una estrella de oro, acompañada en jefe de una venera de plata, y en punta, de una faja de gules.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El caballero simboliza la nobleza. En los comienzos de la Edad Moderna, era "soldado de caballería, que servia a su costa con armas y caballo". Desde el reinado de Felipe III, Caballero es el "Hidalgo de Nobleza reconocida". El cabrio o chevrón representa las botas y espuelas del caballero, concediendose ésta pieza en Armería a los que salen heridos en las piernas, aunque muchos la tienen por símbolo de protección. Las familias españolas, que traen cadenas en su blasón, es por la batalla de las Navas, en la que se rompió el palenque de Miramomelín, guarnecido de gruesas estacas y cadenas muy fuertes Los castillos son geroglífico de grandeza, y de elevación, porque ellos exceden en hermosura, en fortaleza, y en magnitud a todos los demás edificios: denota también el asilo, y la salvaguardia.