En la villa de Idiazábal, del partido de Tolosa (Guipúzcoa), radicó la casa solar originaria de este apellido. De ella fue I. Martín de Lardizábal, natural de Idiazábal, que contrajo matrimonio con doña Magdalena de Urquía, a la que hizo madre de II. Francisco de Lardizábal y Urquía, natural de Idiazábal, que casó con doña Josefa de Elorza y Larzanguren, natural de Segura, Guipúzcoa (hija de Francisco de Elorza y de doña Luisa de Larzanguren, ambos de Segura), y fueron padres de III. Francisco Ignacio de Lardizábal y Elorza, natural de Segura, que celebró su enlace con doña María de Uribe y Muñoz, natural de Méjico (hija de José Joaquín de Uribe Castejón, natural de Jerez de la Frontera, y de doña Micaela Muñoz de Sandoval, natural de Méjico). De esa unión nacieron: 1º Miguel de Lardizábal y Uribe, que sigue, y 2º Manuel de Lardizábal y Uribe, natural de San Juan del Molino, en Méjico. IV. Miguel de Lardizábal y Uribe, natural del pueblo de San Juan del Molino (un expediente de pruebas de Carlos III dice que nació en San Felipe, ambos en la provincia de Tlaxcala, en Méjico), fue Caballero de la Orden de Carlos III, en la que ingresó el 16 de Noviembre de 1793 y Director del Seminario de Vergara. Cuando en 1808 pasó Fernando VII por Vitoria con dirección a Bayona, salió a su encuentro para disuadirle de que prosiguiera el viaje. Luego, invadida la Península por las tropas francesas, pasó Lardizábal a Sevilla y después a Cádiz. Méjico le eligió su representante en la Junta Central y más tarde fue uno de los cinco individuos que compusieron la Regencia del Reino. Enemigo de las Cortes y defensor entusiasta de las prerrogativas regias, sufrió deportación en Alicante y allí publicó su célebre manifiesto en Septiembre de 1811. Juzgado luego por un Tribunal especial, el Fiscal pidio para él la pena de muerte, pero el Tribunal le condenó solamente a salir de los dominios españoles. Entonces Lardizábal marchó a Inglaterra, de donde regresó cuando la reacción absolutista de 1814, siendo nombrado Secretario del despacho Universal de Indias y Consejero de Estado. Pronto perdio el favor real por criticar las bodas del Monarca y de su hermano el Infante don Carlos, e ingresó preso en el castillo de Pamplona. Una vez libre, volvió a la Dirección del Seminario de Vergara, donde murió en 1823. A la misma casa perteneció I.. José Antonio de Lardizábal, natural de Idiazábal, que se unió en matrimonio con doña Luisa de Elorza, natural de Segura, y fueron padres de II. Juan Francisco de Lardizábal y Elorza, natural de Cegama, que tuvo por esposa a doña Magdalena Eulalia de Arza, natural de Ezquioga (hija de Lorenzo de Arza, natural de Ezquioga, y de dona María de Altube, natural de Ormáiztegui). Procrearon a 1º José Antonio de Lardizábal y Arza, que sigue. 2º Domingo Ignacio de Lardizábal y Arza, natural de Villafranca, de Guipúzcoa, y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 19 de Enero de 1756. Casó con doña Joaquina María Ana Rodríguez del Toro y Uribe, natural de Méjico (hija de José Rodríguez del Toro, Caballero de la Orden de Calatrava y natural de Caracas, y de doña Ana María de Uribe, natural de San Felipe, en la provincia de Tlaxcala, en Méjico). De ese enlace nació a) Manuel Joaquín de Lardizábal y Rodríguez del Toro, natural de Méjico y Caballero de la Orden de Carlos III, ingresado el 9 de Marzo de 1805, y 3º Francisco Javier de Lardizábal y Arza, natural de Villafranca, de Guipúzcoa, Secretario de S. M. en la Embajada de España en Lisboa y también Caballero Santiaguista, con igual fecha que su hermano Domingo. III. José Antonio de Lardizábal y Arza, natural de Villafranca, de Guipúzcoa, contrajo matrimonio con doña María Ignacia Antonia de Olloqui, natural de Tolosa (hija de José de Olloqui, natural de Tolosa, y de doña María Magdalena de Ormaechea, natural de Ernialde), y fueron padres de IV. José María de Lardizábal y Olloqui, natural de Tolosa y Caballero de la Orden de Carlos III, con fecha 21 de Marzo de 1789. En 1643, Juan de Lardizábal probó su hidalguía ante la Justicia ordinaria de la villa de Segura (Guipúzcoa).
Escudos de Armas del apellido:
Las primitivas y puras, son: De oro, con un árbol de sinople, y dos lobos desollados, pasantes al pie del tronco, uno por delante y otro por detrás. El Rey don Fernando VII, para premiar los esfuerzos realizados por el Caballero de Carlos III, Miguel de Lardizábal y Uribe, en defensa de su soberanía, le concedió el que pudiese añadir al escudo de armas de los Lardizábal y los Uribe, este otro cuartel: De plata. En punta, ondas de mar de azur y plata, y saliendo de ellas, dos brazos de carnación que sostienen una corona real de oro. Dentro del campo del escudo, a modo de orla, esta leyenda: "Fluctibus reipublicae expulsus."
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huérfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miércoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los príncipes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El brazo simboliza la fortaleza. El caballero simboliza la nobleza. En los comienzos de la Edad Moderna, era "soldado de caballería, que servía a su costa con armas y caballo". Desde el reinado de Felipe III, Caballero es el "Hidalgo de Nobleza reconocida".
