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Linaje ayalés, fundado por un segundón de la noble familia de Ayala. El solar de este segundón había radicado en el lugar de Quejana, del Ayuntamiento de Ayala, en Álava. Al amparo de los señores de Ayala creció y se desarrolló la rama segundona de los Landa, que no sólo se extendió por el Señorío de Vizcaya, sino por la montaña de Santander, llamada de Álava y, a más, por Guipúzcoa y América. La casa principal de Landa se alzó en el lugar de Landa, del Ayuntamiento de Barrundia, del partido de Vitoria, lugar que, a semejanza de lo que ha venido ocurriendo en la fundación de otros poblados, tomó su nombre de la torre que en pleno descampado alzara un caballero de los Ayala. En una probanza de hidalguía que se guarda en la Real Chancillería de Valladolid se dice que esta casa de Landa era de notorios hijosdalgo de sangre, de armas y de apellido, y que estaba a media legua del lugar de Garayo, en el mismo partido de Vitoria, distinta y apartada de las otras casas del lugar, con un puente levadizo y rodeada de un foso. Dicha casa era de cantería y de mucha antigüedad, poseyendo un patronato en la iglesia de San Bartolomé del mencionado lugar de Landa, en la que se veían sus armas. Derivada de esa casa hubo otra de Landa en la villa de Santa Cruz de Campezo, del partido de Laguardia, que ganó ejecutoria de nobleza en 1538. Otra familia Landa moró en la villa de Amurrio, y obtuvo Real provisión de las llamadas de continuación en la hidalguía, en 17 de Febrero de 1807. Y otra, igualmente alavesa, radicó en el lugar de Durana, del partido de Vitoria, extendiéndose a los Irgares de Arróyabe y de Ulibarri-Gamboa. De ella fue Domingo Fernández de Landa y de Ruiz Azúa, bautizado en Arróyabe el 7 de Febrero de 1717 y Caballero de Calatrava en 1752. Pasó a Chile y casó en la ciudad de Santiago con doña María de Loreto de Vivar y Ruiz de Azúa, natural de Lima (Perú), dejando dilatada descendencia en Chile, a donde también pasaron, desde Álava, otras líneas del mismo linaje. A más hubo casas de este apellido en Bilbao y en la anteiglesia de Gática, del partido de Bilbao. De la primera procedio José Francisco de Landa y Orbe, natural de la anteiglesia de San Pedro de Usto, en Vizcaya, y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 17 de Diciembre de 1703. Descendientes de la segunda pasaron a Maruri y a Munguía, y de ellos fue Miguel de Landa y Goitia, natural de Munguía y Caballero de la Orden de Carlos III, con fecha 5 de Mayo de 1830. Aparte de las casas citadas hubo otras del mismo apellido en las villas de Tolosa, Azpéitia, Azcóitia, Ataun y Mondragón, en Guipúzcoa.   

Escudos de Armas del apellido:
Las verdaderas y primitivas de los Landa alaveses, fueron: De plata, con dos lobos andantes de sable, membrados y lampasados de gules y puestos en palo. Bordura de gules con diez sotueres de oro. En la divisa este lema: "A quien con Ayala tope, no le faltarán abuelos." Los Landa de Guipúzcoa, según varios autores antiguos y modernos, trajeron el mismo blasón, pero pintando el campo de oro y los lobos de gules, acaso con impropiedad, porque procediendo el linaje Landa del de Ayala, y éste, a su vez, de los Haro, por enlace de un Haro con la Condesa doña Juliana, si éstos llevan dos lobos de sable en campo de plata, es lo lógico que así lo pintaran también sus filiales. Don Juan Francisco Lozano da, como propio de los Landa de Álava, este otro escudo: De azur, con un árbol de su color, y dos lobos, también de su color, empinantes al tronco. Bordura cosida de gules con cuatro cruces de oro, llanas. Otros, según el mismo autor: De azur, con un muro de piedra, con puerta y torre almenada. Por la puerta, sale un lobo de sable huyendo. En cada esquina del muro, una flor de lis de oro. Bordura lisa de este metal. Pedro Lezcano dice que los Landa de Vizcaya, ostentaron: De azur, con dos fajas de oro, sumada cada una de un lobo de su color, andante.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El ala representa a las alas del águila, simbolizando la libertad, dada sus ansias de volar y surcar los cielos. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario.