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D. JUAN LÓPEZ GAYOL, casó con Dª. Dominga Rodríguez; tuvo por hijo a D. JUAN LÓPEZ GAYOL, empadronado como noble en padrones de Castropol, de 1626 a 1662; casó con Dª. Marta López de Miranda, y tuvo por hijo a D. BARTOLOMÉ LÓPEZ GAYOL, bautizado en San Esteban de Tapia, 26-VIII- 1670; empadronado como noble en padrones de Castropol, desde 1730, lo mismo que sus hijos; casó con Dª. Juana Fernández Acebedo, en San Andrés de Serantes (Ayuntamiento de Castropol), 29-V-1796; tuvo por hijo a D. Domingo y a D. Nicolás. Es curioso que en la partida de bautismo aparece como hijo de Juan y de Lucía Fernández, mientras que en la de matrimonio figura como hijo de Juan y de Marta López. D. DOMINGO LÓPEZ GAYOL, vecino de Ribadeo; bautizado en Ginzo, 6-IX-1706; viudo de Antonia Bermúdez, casó con Dª. Josefa Díaz (hija de D. Alonso Martínez y de Dª. Francisca Díaz en Sta. María de Villaselán (Ayuntamiento del partido judicial de Ribadeo), 2-IX-1736; tuvo por hijo a Ventura Agustín; Instruyó Juramento en la Real Chancillería de Valladolid 11-VIII-1756; Real Provisión del 17-IV-1759. Siguióle D. VENTURA LOPEZ GAYOL.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.