Una casa de este apellido hubo en la villa de Güeñes, del partido judicial de Valmaseda (Vizcaya), y de ella fue I. Santiago de los Hoyos, natural de Güeñes, esposo de doña Pascuala de Zuazo, y ambos padres de II. Cosme de los Hoyos y Zuazo, bautizado en Güeñes el 21 de Diciembre de 1671, que contrajo matrimonio con doña Francisca de Ibargüen, y procrearon a III. Manuel de los Hoyos Ibargüen, bautizado en Güeñes el 16 de Abril de 1704, que celebró su enlace con doña Lucía de Anieto, naciendo de esta unión IV. Domingo de los Hoyos Anieto, bautizado en Güeñes el 10 de Mayo de 1726, que fue Administrador de Rentas Generales y Tabaco del Real Sitio de San Ildefonso, y obtuvo provisión de hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid, el 10 de Noviembre de 1777.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
