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Noble y antiguo linaje guipuzcoano, con casa solar llamada de Portuzabal o Portuecha, en la villa de Hernani, de la que tomó el apellido, y que pertenece al partido judicial de San Sebastián. De ella fue I. Martín Ibáñez de Hernani, que casó en la villa de Oñate, del partido judicial de Vergara, con doña María Beltrán de Murguía, dueña de la casa de Murguia de Ugartondo-Zabal, que luego se llamó de Hernani-Zabal. Fueron padres de II. Juan Ibáñez de Hernani y Murguía, Escribano y vecino de Oñate, en 1461. Se estableció en el barrio de Lazarraga al contraer matrimonio con doña María Pérez de Lazarraga (hija de Pero López de Lazarraga y de su segunda mujer doña Inés de Ugartondozábal). Procrearon a 1º Juan Ibáñez de Hernani y Lazarraga, que sigue. 2º Lope Ibáñez de Hernani y Lazarraga, Abad de la villa de Hernani y Cura de la Colegiata de San Miguel de Oñate. 3º Juan Ibáñez de Hernani y Lazarraga, y 4º Martín Urdinson de Hernani y Lazarraga, casado en Oñate con doña María López de Zuloeta, a la que hizo madre de a) Juan Ibáñez de Hernani y Zuloeta, que celebró su enlace con doña Catalina de Asurduy, y fueron padres de Juan Ibáñez de Hernani y Asurduy, que se unió en matrimonio con doña Jordana de Aguirre Araiztegui, y fundaron el vinculo y mayorazgo de Hernani Zubiaur, en Oñate, en 1537. Tuvieron este hijo: Juan Ibáñez de Hernani y Zubiaur, que casó con doña María López de Gallaiztegui, y procrearon a Juan Ibáñez de Hernani y Gallaiztegui, padre de doña María López de Hernani, casada en 1558 con Juan Miguelez de Ansularas Beitia, y de Pedro Ibáñez de Hernani, que procreó a Lázaro Ibáñez de Hernani. III. Juan Ibáñez de Hernani y Lazarraga casó con doña Estibaliz de Huelgatea y de Araoz, y de esta unión nacieron: 1º Ascencio Ibáñez de Hernani y Huelgatea, que sigue. 2º Juan Ibáñez de Hernani y Huelgatea, casado en Oñate con doña Ossana de Araiztegui, Señora de este solar en Legazpia, a la que hizo madre de a) Juan Ibáñez de Hernani y Araiztegui, que se unió en matrimonio en Deva, con doña María Juana de Sasiola, b) María López de Hernani y Araiztegui, mujer del Licenciado Hernani, Catedrático de la Universidad de Salamanca. c) Marina de Hernani y Araiztegui, que celebró su enlace con el Capitán Arrieta, y d) Domenja de Hernani y Araiztegui, esposa de Diego Pérez de Guevara, y 3º Juan López de Hernani y Huelgatea, opulento mercader, con grandes comercios navales en Sevilla, Lisboa y otros puertos. Falleció en 1538, a los ochenta años de edad, dejando estos hijos: a) Pedro de Hernani. b) El Licenciado Miguel Ibáñez de Hernani, jurista. c) Otro Miguel Hernani, Doctor y Cura de San Miguel de Oñate. d) María López de Hernani, casada en 1523, y en primeras nupcias, con Pedro Sánchez, de Ayozategui, y en segundas, en 1531, con Ascencio López de Arcaraso, y e) Martín López de Hernani, que durante su juventud residió en los Algarbes y en Lisboa. Sirvió al Emperador Carlos V, como Factor de las Almadabras, y más tarde pasó en comisión del Real servicio a Roma, donde tuvo mucha amistad con San Ignacio de Loyola. Hallándose en Roma, vio, desde la puerta de su posada, que era conducido al cadalso un vascongado. Salió brioso espada en mano y logró ponerlo en libertad. Por este hecho pidió perdón al Papa Paulo III, que le perdonó. Pasó luego a Milán con el cargo de Pagador de la gente de guerra de sus tercios, y desde allí vino enfermo a Oñate, donde murió en 1550, a los treinta y nueve años de edad. De su enlace con doña María Pérez de Lazarraga, sólo dejó esta hija: María López de Hernani y Lazarraga, casada en 1555 con Sebastián López del Puerto, que la hizo madre del Doctor Pedro Sánchez del Puerto y Hernani, Catedrático de Decretos de la Universidad de Oñate; del Jurista Sebastián López del Puerto y Hernani, de Martín López del Puerto y Hernani, muerto en Sevilla; de otro Martín del Puerto y Hernani, religioso franciscano, y de doña María Ibáñez del Puerto y Hernani, casada con Rodrigo Ibáñez de Albiz, Escribano del Santo Oficio de Logroño. IV. Ascencio Ibáñez de Hernani y Huelgatea mantuvo mucho comercio con Sevilla, donde ejecutorió su hidalguía en 1500. Casó con doña María Pérez de Vidaurreta, y fueron padres de 1º Juan Ibáñez de Hernani y Vidaurreta, que sigue. 2º María Ascencio de Hernani y Vidaurreta, Abadesa del monasterio de Vidaurreta, en Oñate. 3º El Licenciado Pedro López de Hernani y Vidaurreta, Fiscal de la Real Audiencia de Valladolid, casado con dona Isabel de Mendieta, de la que tuvo estos hijos: a) Juan Ibáñez de Hernani y Mendieta, muerto mozo en Flandes, b) Miguel de Hernani y Mendieta, religioso franciscano, y c) María de Hernani y Mendieta, mujer del Licenciado Gaspar- Bonifaz, Oidor del Real Consejo de Ordenes y Caballero de la Orden de Santiago. 4º Martín Ibáñez de Hernani y Vidaurreta, que pasó a Méjico, donde hizo un gran capital. Viniendo a España, murió en el mar en 1544. Fueron sus hijas: a) María de Hernani, casada en Oñate con Julián Gómez de Berganzo, y b) Isabel de Hernani, mujer de Maese Lucas, Médico, y 5º Miguel Pérez de Hernani y Vidaurreta, casado en primeras nupcias con doña María Pérez de Lazarraga, y en segundas, con doña Magdalena de Segura. Del primer matrimonio nació a) María Pérez de Hernani y Pérez de Lazarraga, esposa de Pedro Ortiz de Gamboa, Señor del Palacio de Zarauz. Del segundo enlace fue hija b) María Asencio de Hernani y Segura, esposa de Domingo de Urtaza. V. Juan Ibáñez de Hernani y Vidaurreta contrajo matrimonio con doña Teresa de Naarría, y de este enlace fueron hijos: 1º Juan Ibáñez de Hernani y Naarría, esposo de doña Isabel de Bonifaz, con hijos. 2º Cristóbal de Hernani y Naarría, casado en Úbeda y 3º María Asencio de Hernani y Naarría, dama de notable hermosura, que casó en Mondragón con Francisco López de Celaa. No dejó sucesión, y sin duda por extinción de este tronco, vino a recaer la casa solar de Hernani en la rama de Zarauz, unida a ella, como queda dicho, por el matrimonio de Pedro Ortiz de Gamboa con doña María Pérez de Hernani, en 1541. Por igual motivo, el mayorazgo de Hernani-Zubiar recayó en la descendencia de Ansularas-Beitia, apellido Ucelay, y otro vínculo fundado por el Licenciado Juan Ibáñez de Hernani, en los Condes de Mollina y Torrubia, Marqueses de San Felices. En Vizcaya hubo otra casa de Hernani, en la villa de Zarátamo, del partido judicial de Durango, y de ella procedieron Domingo de Hernani y Arandia, natural de Galdácano, Caballero de la Orden de Carlos III, en la que ingresó el 11 de Junio de 1783, y Comisario de Guerra de Marina en la Habana, y su hermano Antonio de Hernani y Arandia, segundo Contador de la Real Armada en Cádiz.   

Escudos de Armas del apellido:
De oro, con un trigal de sinople cercado de estacas de plata, y en medio del trigal un ciervo de oro, sumado de un águila de plata, con las uñas hincadas en su lomo y vuelta la cabeza. De las heridas del ciervo, brota sangre. Bordura de gules, con ocho sotueres de oro. Lozano dice que traen también: Partido: 1º, de gules, con tres estrellas de oro, puestas en triángulo; medio cortado de plata, con un león, rampante, de su color, y 2º, de oro, con un árbol de sinople. Bordura general de azur, con ocho sotueres de plata.

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El color rojo, denominado en Heráldica, gules, simboliza el valor, la intrepidez y la valentía. Aquellos que llevan este color en sus blasones tienen la obligación de socorrer, amparar y defender, a los injustamente oprimidos. Representa al rubí, y en lo que se refiere a los signos del Zodiaco corresponde a Marte, Aries y Escorpio; como elemento, el fuego; el día, el martes y el mes, el de octubre; el metal, el cobre; árbol, el cedro y la flor, el clavel; de las aves, corresponde al pelícano. El gules en las armerías de los reyes y príncipes se llama Marte; en las de los títulos, rubí, y gules en la generalidad de la nobleza. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. El esmalte sinople es el verde. Su significado es la esperanza, la abundancia y la libertad; cuantos llevan este esmalte en su escudo quedan obligados a socorrer a los labradores en general y a los huerfanos y pobres que se encuentren oprimidos. Su signo zodiacal corresponde a Mercurio; su elemento es la tierra; el día de la semana, el miercoles; su mes, mayo; su metal, el azogue; como planta, el laurel; la flor, la siempreviva y como ave, el papagayo. En los blasones de los principes recibe el nombre de Venus; esmeralda, en el de los títulos y sinople en los de la nobleza en general. El águila se concede en los blasones a los hombres que exceden en valor, generosidad y braveza a los demas hombres. El sotuer o aspa se trae a las armerías españolas por la batalla de Baeza, ganada contra los moros el día de San Andrés del Año de 1227, que es la forma de la Cruz en que estuvo este Santo Apóstol en su martirio. La bordura simboliza protección, favor y recompensa; así mismo la cota que vestían los caballeros para la guerra y que al salir de la pelea, ostentándola manchada de sangre enemiga, eran premiados con el añadido de la bordura de escudo, como insignia de valor. La bordura también se usa para combinar armerías, con la particularidad que las armas situadas en la bordura tienen siempre carácter secundario. La cabeza significa trofeo, valor, superioridad y despojo sangriento. El ciervo simboliza ánimo esforzado, que saca y recobra energías aún en las ocasiones más adversas. Representa al soldado experimentado y prudente que aguarda cautamente la llegada de sus adversarios.