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Examinando papeles de familia en el archivo de la casa de la Buzaca (Moraña), hemos tropezado con algunos datos genealógicos sobre los de este apellido, que damos a continuación: Dª MARIA SABORIDO DE SILVA, falleció en 1593, debió casar con algún señor de apellido Fontenla, porque sus hijos aparecen llamados 1. Pedro Fontenla, que sigue la línea. 2. María Fontenla, que, al casó con Gonzalo Gómez, es causa de que el apellido desaparezca de sus descendientes. D. PEDRO DE FONTENLA casó con Dª María Barro Veciño; vivían por 1690; y tuvo por hijos a 1. Gregorio Fontenla, que casó con Bárbara Silva; vivían por 1728 y tuvo por hijos. a a. Francisco Fontenla, padre de Andrés y Francisco Fontenla. b. Miguel Fontenla, que casó con Ana Rodríguez, y tuvo por hijos a Rosendo, Diego y Ana Fontenla.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.