Linaje de Guipúzcoa, de notoria hidalguía. Hicieron probanza de esta, entre otros del linaje, los siguientes: Juan Bautista Martín y Domingo Ixurco Irazusta Eznaola y Eznaola de Estanga, naturales de Zaldívar y vecinos de Rentería, en 2 de Julio de 1748. Tomás y José Eznaola y Zuloaga, naturales de Cestona, en 7 de Mayo de 1725. José Irureta Eznaola e hijos, vecinos de la misma villa de Cestona, en 5 de Julio de 1773. Miguel Eznaola, vecino de Amézqueta, en 1774. Y Juan Ignacio Alcorta y Eznaola, natural de Aya y vecino de Orio, en 1786. Martín de Eznaola, natural de Albistur, casó con María Bautista de Landa, natural de Tolosa, y fueron padres de María Jesús Eznaola, natural de Albistur, que contrajo matrimonio con Antonio de Careaga, de la misma naturaleza, y descendiente de la casa de Careaga de la villa de Albistur, naciendo de esa unión Juan Antonio Careaga y Eznaola, natural de Albistur, Capitán de Fragata de la Real Armada y Caballero de la Orden de Calatrava, en la que ingresó el 16 de Agosto de 1797.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
